El vago tras esta idea.

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Un vago estudiante de la muerte... (inspirado en "No Tan Alto" - Gracias Pablo).

miércoles, noviembre 19, 2014

La coraza.

Este 2014 que está a poco más de un mes para finalizar me dejó lecciones de vida tremendas, de las que aprendí muchísimo (lo cual será motivo de un post en diciembre); pero una de esas lecciones vino de una persona de dolorosa recordación por estos lares. Y todo empezó a través de una frase:

"Debes aprender a disfrutar de tu soledad".

Esa frase fue causada por esa necesidad de estar en contacto, de recibir un mensaje de regreso a través de una charla por el medio que fuera (IM, correo, inclusive el teléfono). Y después de empezar a asumir que esa persona ya no haría parte de mi vida, esa frase me quedó sonando en la cabeza, como un ruido de fondo. Como una pregunta para la que yo debería hallar la respuesta.

Y mirando hacia atrás, terminé encontrando una pista.

En muchos posts que he publicado siempre he mencionado que mi adolescencia en particular fue muy solitaria (como la de Charlie en "The perks of being a wallflower") y que al igual que ese personaje, mi único refugio terminó siendo la música. Aunque mis noches y mis fines de semana no son solitarios, en el trabajo la sensación de soledad es a veces sobrecogedora. No he sentido mucha empatía con la gran mayoría de mis compañeros de labores (salvo 2 o 3) y a veces la labor es tan rutinaria que mi propio desorden mental termina omitiendo el afán de entrega y hace que mi mente vuele en medio de la sensación de soledad causada por no tener con quién hablar. Así que terminé volviendo a lo que mejor conocía: una coraza que me aísla del mundo a través de los muros de la música.



Todos tenemos que aprender alguna vez.

Y sentí como cuando te has ausentado de un lugar y al volver encuentras que hay cosas nuevas, que hay cosas que ya no están, que las pocas que reconoces no son como las recuerdas. Como decía Carlito Brigante, "mi barrio ya no es el mismo".

Escucho cientos de canciones que me llevan a diferentes épocas; el colegio, el intermedio de alcohol y trabajo mal pagado; los primeros años de universidad, la primera relación duradera, los desengaños, las relaciones que no fueron a ningún lado; la mujer que mira al mar y la lucha mancomunada por salir adelante, los buenos y malos ratos; los diversos empleos, los clientes y alumnos, los escasos viajes de trabajo y las diversas formas de ver y vivir la vida... todo entrelazado por una larguísima banda sonora, de tal forma que cada instante parece acompañado de una canción.



Todos tenemos que aprender alguna vez.

Hace muchos años tuve una amiga que era mi confidente, casi. Pero el tiempo y las circunstancias hicieron que se fuera, que se terminara alejando. Y en alguna ocasión le pregunté, si tuviera que elegir cinco cosas mías que fueran distintivas, cuáles serían. Su respuesta tiene tanta validez como antes, ahora.

Los mitones.
Los audífonos.
Las gorras.
La ropa negra.
Las gafas de lente oscuro.

Y en cierto modo, esa fue una suerte de coraza que no dejaba ver más allá. ¡Cómo nos cambian las acciones de otros!


"Lo que tú me hiciste me hizo ver en mí mismo algo diferente".

Y luego de 2 años de situaciones que causaron daño a las personas que más quiero en el mundo, una estocada me hizo abrir los ojos y darme cuenta que por donde iba, no iba bien. Así que decidí aplicar reingeniería y pude ver cómo esa coraza que, poco a poco, había ido adelgazando, me había hecho vulnerable. Y con la ayuda de la mujer que mira al mar, volví a construirla, pero esta vez, con una sola diferencia. Ella está acompañándome cuando decido encerrarme. Pero al mundo le toca ver la parte dura de la coraza, casi que como una almeja.

Casi como un fantasma...

viernes, noviembre 14, 2014

Estos días.

Hace poco vi en Facebook un vídeo sobre los que serían los acontecimientos del cuento de "La Cenicienta" si se hiciera en pleno s. XXI. EL vídeo se llama "Tinderella" y la consecuencia final es que no pasa de ser sexo casual, de una sola noche.



Tinderella: Un cuento de hadas moderno.
"Y fueron felices para siempre porque no hablaron nunca más"

Alguien decía que, a partir del momento en el que el sexo se volvió fácil de conseguir, el amor se volvió muy difícil de hallar. Y es cierto en muchos aspectos: los hijos de padres separados están a la orden del día, las relaciones de una sola noche también se volvieron frecuentes, decirle a alguien "te amo" es visto como algo cursi e inclusive, muy atrevido, por mencionar una que otra característica de cómo funcionan las relaciones hoy día. Eso, sin contar que muchos matrimonios son "desechables" y al primer problema, cada quien recoge sus cosas y se va.

Recordaba una de las más sentidas canciones de Bon Jovi (quien en 1998 lanzó uno de sus álbumes más íntimos, "These days"), casualmente la que le da el nombre al álbum del 98. Es una queja sobre lo que ha pasado en la forma de andar de la sociedad, de cómo muchos que crecimos bajo ciertos parámetros vemos, con tristeza, cómo esos mismos parámetros se han ido diluyendo a medida que el tiempo pasa.


  "These days" - Bon Jovi
"Estos días, las estrellas parecer lejos de alcanzarse
Estos días, no hay una escalera en estas calles
Estos días, son agitados, el amor no dura en esta era infeliz.
No han dejado nada para nosotros, estos días"


¿Amor? No, ya no es lo que era. Al menos no de la forma en la que lo conocimos. Y mientras los gurús de la autosuperación y de la inteligencia financiera instan al mundo a trabajar como mulas para invertir en mercados de capitales... muchos niños sueñan con que su padre o su madre los arrulle para ir a dormir, porque hace días que no los ven debido al mucho trabajo que tienen...

en estos días.

martes, noviembre 11, 2014

#41

Desde 1995 cuando los escuché por primera vez, la música de la siempre virtuosa Dave Matthews Band me ha seducido. Me ha hecho bailar, me ha arrancado lágrimas y sonrisas, me ha dejado un espacio abierto a la reflexión en muchos aspectos.

Y un dolor que llevaré hasta que me muera fue haber perdido en un robo absurdo una copia del "Everyday" que me regalara uno de los grandes de la radio juvenil de este país: Andrés Durán.

Pero hoy quiero compartir con Uds. una de las canciones más bellas que el genio de esta banda ha creado: #41. Es curioso, porque el nombre viene de algo tan simple como que fue la canción número 41 creada por ellos. Sin tener un nombre oficial decidido, acordaron ponerle este número como título.

41 golpes, 41 bofetadas que me dio la vida a manos de una sola persona... para luego abrir los ojos y darme cuenta que debía enmendar mis errores y reparar con hilos de oro el daño causado.

Kintsugi.


"Why wont you run / in the rain and play / let the tears splash all over you"

miércoles, octubre 08, 2014

Yo era de un barrio pobre en el centro de la ciudad... (Es cuestión de estrato)

Durante estos días ha habido una tibia respuesta en redes sociales al artículo publicado por un corresponsal de la BBC Mundo sobre el invisible "sistema de castas" al que nos hemos visto sometidos desde hace más de 3 décadas: los sistemas de estratificación socioeconómica.

La clasificación (que consiste en asignar un dígito, de 0 a 6, a un barrio o inmueble en el casco urbano de Bogotá) tiene como objetivo principal asignar los subsidios que, por ley, se han establecido para los hogares con menor capacidad de ingreso. Sin embargo, eso terminó mutando en el tiempo en algo que sociológicamente es reprochable: la ciudad se subdividió en "ghettos" de clases baja, media y alta, en donde los estratos inferiores son vistos con desdén y los superiores, con una inexplicable reverencia solo sustentada por la plutocracia de éstos. Valga la pena aclarar que, aunque hay muchas personas de estratos superiores que han construido sus fortunas con mucho trabajo duro y tesón, existe una manada de pícaros (políticos, economistas, contratistas) que han amasado grandes sumas de dinero a costo del bienestar de la inmensa mayoría que paga impuestos, trabaja de forma inhumana y se las arregla para sobrevivir.

El artículo en mención aborda, con la visión de una estudiosa del tema de inclusión social (Consuelo Uribe Mallarino), cómo el estrato se convierte en una suerte de talanquera para acceder a ciertos cargos, por ejemplo; pero además de eso, muchas personas no buscan ascender de estrato porque el primer golpeado será el bolsillo. Afortunadamente no con todo el mundo ocurre, pero dentro de las implicaciones mencionadas en el artículo, el primer párrafo cuenta una anécdota que es demoledora; "la noviecita estrato 3" de la cual hablaban con sorna unas estudiantes universitarias, haciendo alusión a la pareja de un compañero de carrera.

Para quien desee leer el artículo, está disponible aquí:

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/09/140919_colombia_fooc_estratos_aw

El artículo al que se hace mención está disponible aquí.
  • CUANDO LA SEGREGACIÓN LA SUFRES TÚ: LA ESTÉRIL BÚSQUEDA DE PAREJA.
Mientras escribía este post, recordé una canción de Juan Luis Guerra y su grupo, 440, llamada "Me enamoro de ella". Aunque siendo rigurosos y estrictamente asépticos sobre la cuestión de los sentimientos respecto a la letra (ya que ésta refiere la atracción física y una admiración hacia esa inalcanzable mujer de clase alta que, a diferencia del personaje que narra la canción, no pasa por sus afugias económicas), sí se han dado casos en los que esas tres aristas (atracción física, admiración, preocupación genuina por el otro) convergen en un mismo punto. A continuación presento la letra de ese tema, a la cual le agregué unos links para que se pueda entender un poco el contexto que narra el artista a través de estas líricas.

Yo era de un barrio pobre
Del centro de la ciudad
Ella de clase alta
Pa(ra) decir verdad
Montada en un Mercedes
Automático, dos puertas
Yo rodando en ONATRATE
Con un pie adentro, otro afuera
Ella en la Pedro Henríquez
Yo estudiante de la UASD
Ella summa cum laude
Yo "suma dificultad"
Pero el amor se viste
De lino y de franela
Y cada día que pasa
Yo me enamoro de ella, ay oye
Me enamoro de ella
Me enamoro de ella
De sus ojos claros
De su risa bella
Ella en un club de tenis
Yo a veces juego billar
Ella almuerza en el LINA (*)
Yo en un comedor social
Tiene en su residencia
Un sauna, una piscina
En mi pensión dos cubetas
Para mojarme la vida
Ella en bienes raíces
Hereda la capital
Yo tengo que hacer magia
Para trabajar
Pero el amor se anida
Y no sabe de cuentas
Y cada día que pasa
Yo me enamoro de ella, ay oye
Me enamoro de ella
Me enamoro de ella
De sus ojos claros
De su risa bella
Esta historia se escribe
Sin principio ni final
Ella estando en sus buenas
Y yo siempre estando mal
Pero el amor se viste
De lino y de franela
Y cada día que pasa
Yo me enamoro de ella, ay ombe
Me enamoro de ella
Me enamoro de ella
De sus ojos claros
De su risa bella
Si ella cediera un poco
Mi vida fuera ideal
Bájate de esa nube
Y deja de soñar
Es que el amor se viste
De lino y de franela
Y cada día que pasa
Yo me enamoro de ella, ay oye
Me enamoro de ella
Me enamoro de ella
De sus ojos claros
De su risa bella
Me enamoro de ella (si tú te vas...)
Me enamoro de ella
De sus ojos claros
De su risa bella
Me enamoro de ella
(*) En la época en la que se compuso esta canción, el LINA era el nombre del actual Grand Hotel Barceló Santo Domingo.
Un error muy frecuente en la búsqueda de pareja es fijarse únicamente en el aspecto físico; infortunadamente esta lección solo se aprende con el tiempo y con más de un sinsabor causado por decepciones y dolorosos desengaños. Hablando con una amiga extranjera, ella me hacía notar que una parte de las mujeres colombianas (principalmente las que son de provincias) se apalancan en su innegable belleza física para sacar partido de ella y obteniendo como réditos invitaciones, regalos, inclusive propuestas de matrimonio de uno que otro hombre que, embelesado por su atractivo, no se atreve a mirar más allá. En una época en la que los derechos de las mujeres son más que los existentes hace 60 o más años, muchas profesionales miran de tú a tú a sus pares masculinos. Pero no todo lleva a que exista una paridad en todos los ámbitos: la evaluación puede ser terrible cuando es un hombre quien la sufre, sobre todo cuando es de extracción popular.
Aunque en la Universidad Pública no era muy evidente el sistema de castas entre los integrantes de una misma facultad, sí era muy notorio cuando iba de una a otra. En la Nacional, las zonas "estrato 6", por decirlo de algún modo, siempre han sido Medicina y Odontología. Tanto así, que una reina de belleza (María Mercedes Ruiz) es egresada de esta última facultad. Siempre sentí como terreno vetado esas facultades, es algo así como si una persona de escasos recursos fuera a "vitrinear" en las zonas más exclusivas de Bogotá (zona T, zona rosa, por citar algunas) ya que su lógica le indica que, al menos en ese momento, no le va a alcanzar ni para comprar una bebida.
Ahora bien, cuando digo "era", me refiero a que los diversos métodos aplicados por el Estado y los mismos maestros de básica y media para acomodarse a unos estatutos de educación a todas luces amañandos, le han restado gran parte de la insigne calidad educativa que otrora tenían los colegios distritales, departamentales y nacionales. Salvo unas muy meritorias excepciones (ITD Francisco José de Caldas, INEM Kennedy, IED Menorah, Colegio Nicolás Esguerra, por citar algunos), las instituciones públicas de enseñanza básica y media terminaron transformándose en un hervidero social, a donde son amontonados una gran cantidad de niños de (cuándo no) las clases más humildes socialmente hablando. Eso, sin contar los enormes problemas que muchos de ellos soportan: malnutrición, abandono, abuso laboral, incluso abuso sexual... Situaciones ante las que, a pesar de los intentos de las administraciones locales y nacionales para resolverlas o paliarlas, la violencia física pareciera ser siempre la única vencedora. Lo cual genera como consecuencia la desidia al estudio de estos niños.
Volviendo al tema inicial de este post, en medio de las diversas situaciones que viví (por un lado) y de las que fui testigo (por otro), voy a mencionar solamente tres, muy por encima.
CASO A: UN TUERTO ENTRE CIEGOS.
Este caso hace referencia a uno de los pocos compañeros que tuve y que contó con la buena suerte de nacer en una familia que había logrado un ascenso social a través de la dedicada vida académica y profesional de ambos padres. Todo este esfuerzo les representó vivir en un apartamento bonito, del norte de la ciudad. Y por alguna razón inexplicable, también pareció favorecerles enormemente en el aspecto físico a estos muchachos (mi compañero y sus hermanos). Con el tiempo me di cuenta de lo tortuoso que era salir de juerga con este compañero, ya que (sumando las dos variables que él tenía y yo no) resultaba mil veces más atractivo para las mujeres que conocía(mos) en fiestas de lo que yo pudiera haber sido en ese momento (y no me estoy quejando). A la larga me terminó haciendo un favor, puesto que esos criterios de evaluación sobre mi persona no eran lo que estaba buscando como puerta de entrada a la vida de una fémina. Adicionalmente, la escena de una película (rodada muchos años después) me dio la respuesta que había estado buscando: se trata de la película "Free Pass" (es cine hamburguesa pero tiene sus cosas interesantes) y la escena del bar, donde Coakley le dará una lección tremenda a los asistentes que lo acompañan:
Rick: How about her? 
Coakley: No, the tall blonde surrounds herself with a less attractive women to make herself look good. 
Rick: Really? 
Coakley: [as he moves his hands] Check this out. Hot, not. 
Rick: That's awesome. You're like A Beautiful Mind. 
(No, en realidad un hombre de atractivo promedio inconscientemente se rodea de hombres no tan atractivos para aplicar "belleza por contraste". Ajá, ya entiendo todo).
Cada uno siguió su camino después de 2003.
CASO B: NO PUEDES COMPRARME AMOR.
Este otro caso refiere a un gran amigo, vecino mío durante muchos años y que se dedicó, luego de la graduación, a ejercer en el campo comercial (el cual deja mucho dinero cuando se es bueno). Luego de haberse labrado un nombre y haber estado trabajando (literalmente) con una mula, conoció a una atractiva mujer a la cual hizo su novia. Cuando yo la conocí (2006) algo me indicaba que no había algo bien en ella; tristemente los hechos me dieron la razón. Perdidamente enamorado como andaba este muchacho, con apartamento rentado y cama nueva, un día vino a enterarse que esta mujer, mientras le sonsacaba dinero a él, se dedicaba a retozar en tálamo ajeno con un compañero de trabajo de menos fortuna pero más atractivo. Sí, hay mujeres que también ceden a sus hormonas. Devastado, le costó mucho levantarse de ese golpe pero finalmente lo logró. Es un hombre bueno, que no ha tenido la fortuna esperada en esa cuestión llamada "amor".
CASO C: UNA PETICIÓN AL CIELO.
2001. Un año que estuve a punto de no terminar. Luego de salir de un tratamiento siquiátrico intenso, al terminar de ver la película "Conair" (Riesgo en el aire) y ver el final del personaje interpretado por Steve Buscemi (Garland Greene) hice, tal vez, la más sentida petición al cielo que jamás haya hecho en mi vida. Esa petición apuntaba a una serie de virtudes que esperaba encontrar en una probable pareja (una mujer luchadora, inteligente, frentera, hogareña, trabajadora, centrada...) recalcando un aspecto en particular. "...y que me acepte como yo estoy ahora: ¡POBRE!" Cansado como estaba de recibir portazos debido a la complicada situación económica en la que estaba, esa última petición fue más como un ruego desesperado en medio de tanta soledad y frustración. Un mes después, conocí a la mujer que mira al mar.
La situación que ambos afrontábamos era similar en algunos aspectos, así que paralelo a nuestra relación establecimos una serie de acuerdos y compromisos para luchar y salir adelante entre los dos. Acuerdos en los que aun hoy día estamos trabajando. Cuando echo la vista atrás y pienso en lo que hemos logrado y en las personas que nos hemos convertido, creo que lo que refleja esta frase lo dice todo:
"En una relación sana, cada uno se convierte en orfebre del otro, ayudándose mutuamente a ser mejores personas"
Aprendí de todo esto que con el tiempo terminamos adoptando comportamientos que son resultado de lecciones aprendidas (unas más duras que otras); lo importante es que esos comportamientos sean beneficiosos y no destructivos. Pero además de eso, conocernos en igualdad de condiciones económicas hizo que la atracción recíproca fuera por algo muy distinto a las plumas de pavo real que se habrían podido lograr bajo escenarios muy distintos.
Tal vez ahí estuvo la clave del éxito: más que una relación, terminamos funcionando como una sociedad en donde el capital principal es un intangible. Y muy escaso de conseguir, además.

sábado, septiembre 06, 2014

10 años después - sobre la desaparición de Cerati.

A mediados de 2004, en un absurdo accidente de tránsito, falleció María Isabel.

Diez años después el autor de varias de las canciones que fueron nuestro hilo conductor, Gustavo Cerati, dejaba de respirar y finalmente descansaba luego de una prolongada agonía. Muchos esperábamos que despertara de ese coma, pero como acertadamente dijo una muy querida amiga, si lo hacía muy seguramente las secuelas le impedirían volver a ser el mismo astro musical que lideró por casi 2 décadas a Soda Stereo y que tuvo sus chispazos de genialidad como solista.

En particular, cuando me enteré del fallecimiento de Cerati, mis ojos se aguaron por el recuerdo de esa amiga que me acompañó durante esa etapa llamada adolescencia; el que me llevara 2 años y que fuera mucho más popular de lo que era yo a esa edad la convirtió en una excelente consejera. La cercanía de las casas hacía que nos viéramos con relativa frecuencia, además de poder pasar muchas tardes intercambiando ideas y conceptos sobre la música que a ambos nos gustaba. Y como por variar, fueron muy pocos los puntos en común. Soda Stereo fue uno de ellos.

Tratando de salvar mi incipiente colección de cassettes de la censura inquisidora llevada a cabo por mi señora madre, encargué a María Isabel la custodia de éstos por un buen tiempo. Los guardó durante más de un año, tiempo en el que ella pudo descubrir un poco de mi personalidad a través de lo que yo oía. En ese momento eran muy pocos (no eran más de 15), pero de todos ellos solo uno realmente le gustaba: una copia pirata del "Doble vida" de Soda Stereo, completado con canciones de los álbumes "Signos" y "Canción animal". Lejos de la archiconocida "De música ligera", hubo dos canciones que fueron nuestro punto en común: "La ciudad de la furia" y "Terapia de amor intensiva". Por la primera canción en particular, una noche post-borrachera terminé soñando que yo era el hombre alado volando sobre "mi" ciudad de la furia: Bogotá. Mientras perseguía a la persona a quien le di mi primer beso de amor, trataba de encontrar a María Isabel para que me aconsejara qué hacer. De otro lado, el ejército quería capturarme no-sé-con-qué-fin. Y justo antes de esa captura... ¡zas! Desperté. Pero la "terapia de amor intensiva" era un mensaje muy complicado de entender. A lo más que llegamos fue a tomarnos de las manos. Pero nunca pasó nada más.

Recuerdo que la primera vez que la vi, parecía una princesa. Usaba un vestido celeste y tenía puesta una tiara. Se veía espléndida. Y a medida que la fui conociendo descubrí una sencillez y calidad humanas que, creía, jamás habría podido conocer. Cuando falleció la noticia me impactó demasiado; me comuniqué con sus padres excusándome de no ir, por una razón. Quería recordarla vibrante, animada, llena de vida, como la conocí. Y no llevarme como última imagen un gesto lívido. Cuando mis padres volvieron, me dijeron que el encargado de arreglarla la había dejado como una princesa durmiente, pero que el impacto para muchos que la conocieron, al verla de esa forma en ese cofre, también fue de proporciones versallescas.

A María Isabel la puse en mi lista de dedicatorias de proyecto de grado, porque sé que si viviera se habría alegrado enormemente de verme convertido en profesional.


 "Buenos Aires se ve tan susceptible, es el destino de furia, es lo que en sus caras persiste"

Cuando María Isabel falleció dejó una niña de seis años en ese momento. El padre de ella ya había fallecido también. Espero que esta niña (ahora señorita) tenga el temple y la capacidad de lucha que siempre tuvo su mamá, una de las mejores personas que he conocido y que ahora es un ángel que mira desde el cielo.

Ahora que Gustavo Cerati tampoco está entre nosotros... espero que se encuentren en el cielo y que ella pueda pedirle esas canciones que tanto le gustaban de ese disco.

Gracias a Cerati por sus canciones. Fueron el fondo de muchas charlas, de muchas tardes vividas con mi amiga entre 1993 y 1994.


"No morirá lo que debe sobrevivir a una terapia de amor intensiva"

Y ha de ser por eso que, a algunos, la muerte de un artista nos da más duro que a otros: su obra tiene relevancia por algún acontecimiento especial.

¡Gracias... totales, Cerati!

miércoles, septiembre 03, 2014

De agosto a octubre.

Se llegó septiembre, una vez más.

Pero esta vez, todos los malos momentos que me llenaban de pesimismo y de una oscura melancolía que finalizaba con las velitas de diciembre, han quedado atrás. Es solo un mes, un mes de paso entre agosto y octubre donde ocurren cosas cíclicas:

Primero, el trabajo se dispara a partir de esta fecha, porque todas las empresas se están alistando para cerrar de la mejor manera posible su cierre de año contable (por aquello de las primas, las fiestas de fin de año, los regalos a los colaboradores, clientes y un largo etcétera de cosas).

Segundo, el comercio empieza a aprovechar la fiesta de amor y amistad (creada no sé bajo cuál pretexto comercial, como el mes del amor de Los Simpson) para irse en seguidilla y de largo hasta diciembre (amor y amistad, disfraces, navidad).

Tercero, empiezan las angustias de los estudiantes que intentan salvar las naves y apretarle a las materias en las que van flojos. Tal vez esa política educativa es la que ha fregado el correcto avance de las costumbres frente a otros países, porque acá todo el mundo habla del verdadero inicio de labores en abril, ya que se dedicó el primer trimestre a arreglar los yerros del último trimestre del año anterior.

Y cuarto, la comparación de los balances personales mes a mes indica que muchas cosas proyectadas para el año aún en curso se quedaron o inconclusas o sin empezar. Teniendo tantas cosas en qué pensar, ¿no es banal ponerse a perder el tiempo por una fiesta en la que (casi) todo el mundo desempolva la careta y finge amistad hasta con quien no lo quiere?

Dentro de mi balance personal logré afianzar muchas actitudes nuevas. Me falta todavía, pero lo más importante es que esta casa tiene trabajo, tiene salud y además, no necesita de un día para demostrarse afecto, ya que lo hace todo el año.

Sí, septiembre solo es un mes de tránsito entre agosto y octubre.

P.D.: De antemano, un muy feliz cumpleaños para una de las personas que más quiero en el mundo, mi querida bugueña Mârge.


martes, agosto 26, 2014

Octavo aniversario.

El día sábado 16 de agosto se cumplieron ocho años de la primera publicación en este blog. Con el título "Primer post: un segundo intento", abría esta página web para opinar, narrar, festejar, incluso contar cosas relacionadas con acontecimientos que afrontaba día a día.

En una oficina de una firma de ingeniería ubicada en el barrio Santa Rita, decidí darme una nueva oportunidad como bloguero. Infortunadamente los blogs casi no se usan ahora; he recibido muchos visitantes principalmente por un post que hice sobre la enigmática frase que cierra la película "Amores perros", entretejida con la historia de una persona que fue muy cercana a mí y que vio morir en sus brazos a la persona con la que se marchó.

He escrito posts para festejar mi aniversario con la valiente y bravía mujer que mira al mar; para quejarme, para explicar cosas sobre mis reacciones ante ciertos acontecimientos... pero cada vez que vuelvo la vista atrás a ese 16 de agosto de 2006, recuerdo que la situación personal que afrontaba tenía singularidades que, al parecer, se tornan cíclicas. Veía cómo una persona que supuestamente era incondicional, me daba la espalda luego de haberme clavado el puñal, todo por congeniarse con sus compadres de ocasión. Afrontaba una situación económica algo compleja, pero que me permitía responder con las responsabilidades que tenía en ese momento. Y solo tenía a mi lado a una persona. Tal como hoy. Bueno, ahora tengo dos personas.

Han pasado ocho años. He visto cómo muchos blogs se fueron apagando hasta desaparecer. He visto promesas que se quedaron en el título, en el capítulo primero. Lo siento, no hay primero sin segundo. Jamás. He visto cómo muchas direcciones desaparecidas terminaron secuestradas por indochinos, he visto en mi contador de visitas las huellas que han dejado lectores de tierras muy lejanas. Y uno que otro comentario de algún visitante ocasional que decide dejar su marca con algún apunte.

Han pasado ocho años. Y muchas personas también.

Han quedado atrás las cenas sorpresa en Saurios, las corridas en bicicleta para ir de la casa al trabajo, del trabajo a la Universidad. Las reuniones espontáneas en la banca, con mi amado Averno. La cara de sorpresa de todos cuando se enteraron que la mujer que mira al mar estaba esperando, conmigo, la llegada del "fifolito" Juan Francisco. La graduación con la camiseta del Averno. El nacimiento de Francisco, un domingo de abril (a quien le dediqué la canción "Milagro de abril"). Los viajes a Ocaña. La residencia de obra en un hotel cinco estrellas. El peor trabajo de mi vida (residente de mantenimiento en una entidad estatal, donde todos son doctores y todos se odian). La redención con los buenos muchachos. Un sueño roto que fue la especialización. Perseguir espejismos. Cambiar de rumbo a través de un desembarco. Festejar cinco años de vida profesional en la compañía de quien más amo. Estrechar mis lazos de amistad con tantas personas, tan importantes en mi vida, que a pesar de la distancia han aparecido en los momentos más críticos que he vivido.

Escribo para que ustedes me lean. Y espero, en un año, poder seguir con este blog.

(este post va dedicado a mi gran amigo y compadre, El Negro)

miércoles, julio 09, 2014

Las lecciones del mundial.

En el post previo (La invitación) escribí sobre cómo se comparaba el mundial de fútbol a una fiesta de esas a las que se desea ser invitado. Ya que terminó nuestra participación en el mundial, considero que quedaron muchísimas lecciones que valdría la pena discutir.

EL TRABAJO EN EQUIPO.

Desde el primer partido Colombia demostró jugar con muchísima cohesión, recordando que el encanto del fútbol es el trabajo en equipo. Eso sí, siempre de la mano de una dirección acertada. Los 3 partidos de la primera ronda no solo deleitaron a los conocedores del buen fútbol, sino que también mostraron a una selección de alto poder defensivo y ofensivo (apenas recibió 2 goles mientras que marcó 9), y en el partido contra Uruguay se sobrepuso a la pierna fuerte y al juego accidentado de los celestes para vencerlos sin ninguna duda por 2 a 0.

Muchos (y me incluyo ahí) pensamos que sin Falcao la actuación de Colombia sería discreta, debido al angustioso 3-3 en Barranquilla contra Chile (selección que mostraba un fútbol muy ordenado y que avanzó a octavos de final) y en los amistosos quedaban algunas dudas sobre la capacidad del equipo como eso: como equipo. Pero en el primer encuentro contra los griegos, se vio algo muy diferente. Se vio un equipo de verdad, jugando un fútbol elegante pero efectivo. Atrás parecían quedar los tiempos del "toque-toque" como especulación del manejo de pelota y se veía una selección compacta, que volvía muy rápido de ataque a defensa y en el que su máxima estrella, James Rodríguez, parecía más un volante mixto que un media punta. Para muchos (exceptuando un pelón idiota que disfruta destilar veneno porque su compinche no está como DT) el fútbol de Colombia se parecía más al "jogo bonito" de Brasil, que las actuaciones verdeamarelhas parecían destacarse más por su pobreza y uno que otro escándalo.

Los colombianos deberíamos tomar eso como referente. En un país acostumbrado a los reconocimientos individuales en lo deportivo, la muestra de que el trabajo en equipo sí puede rendir frutos es un valioso ejemplo a seguir en todos los ámbitos de la vida nacional.

 

LAS INJUSTICIAS.

Los que hemos disfrutado de este deporte siempre, sabemos que los resultados que obtienen ciertas selecciones abren un espacio, una franja en la que la sensación de injusticia queda latente. Recuerdo la eliminación de Brasil, el mejor Brasil de 2 décadas, a manos de italianos primero y franceses después. La frustración de ver cómo estelares como Falcao, Toninho Cerezo, Zico y Sócrates no pudieron levantar una merecida Copa Mundo ha quedado en la historia como una injusticia a verdaderos maestros del balón. Y así, cada uno de los equipos que tuve la oportunidad de ver, lamenta por sus propias figuras la misma situación: Polonia con Lato, Inglaterra con Lineker, Bélgica con Scifo, Francia con esa media banda que conformaban Tigana, Giresse, Platini, Rocheteau, Fernández; Alemania con uno de los más brillantes delanteros que ha dado ese país, Rummenigge, España con "La quinta del Buitre", por mencionar los que más recuerdo. Claro, las polémicas no acaban ahí, la eliminación de Paraguay a manos de Francia en 1998, los arreglos en Corea y Japón, los tropiezos teutones en 2002 y 2006, la ilusión "oranje" en 2010... hasta llegar a Brasil. El partido contra los anfitriones se vería manchado por un polémico arbitraje español (quien después fue felicitado por la FIFA por su "destacada actuación") que dejó de sacar tarjetas a los locales, anuló un gol válido y pitó una falta que derivó en el gol de la victoria de Brasil. Las señales de repudio no se hicieron esperar; todos, menos los brasileros, estábamos convencidos que se había cometido una tremenda injusticia. Pero más allá de esta polémica, a Colombia la mató el pánico escénico en el primer tiempo. Lo demostrado en la semifinal entre Brasil y Alemania fue contundente; la conclusión, nunca le habríamos ganado a Alemania, pero no habríamos sido humillados de esa forma tan espantosa. Algunos creemos que la eliminación de Colombia fue una injusticia para favorecer al local, sin embargo, también es cierto que Alemania, esta Alemania finalista en 2002, vivió dos eliminaciones en cuartos de final (1994 y 1998) para alcanzar semifinales en 2006 y 2010. ¿Podemos mirar al futuro con esperanza? Por supuesto. Pero no hay que descuidar el trabajo a realizar en categorías inferiores: una generación brillante de futbolistas colombianos llamó la atención del mundo y seguramente llegará más madura a Rusia 2018.

EL MÉRITO DEPORTIVO

La participación de la selección en Brasil vino precedida por varios triunfos en deportes individuales y de equipos, mostrando que los eventos deportivos se han convertido en la mejor vitrina del país ante el mundo. Sin embargo y luego del fallecimiento de nuestro único premio Nobel, se abre el interrogante: ¿es el deporte el único campo en el que este país puede destacarse? Es terrible ver cómo algunas personas defienden la explotación extensiva de recursos naturales no renovables y de destruir ecosistemas tan frágiles como los páramos para poder obtener recursos, cuando se requiere dar un paso enorme en educación y salud buscando que los ingresos de Colombia no solo sean percibidos por otros conceptos, sino que también sean administrados de forma transparente. Entre la "confianza inversionista" y la corrupción, estamos frente a un espejismo de progreso que nos dejará arrasados si no se cambia el enfoque y los objetivos que debe tener Colombia como nación. Empezando por dejar de hacer el ridículo en las pruebas PISA. ¿Insinúo acaso que el mérito deportivo es de segundo plano? No, de ninguna manera. Pero no puede ser el único referente: la historia demostró que grandes potencias económicas se construyeron desde la investigación, a partir de la inquietud de alguien sobre un tema específico. Y claro, las artes son también prioritarias para el avance cultural de un país, para ayudar a educar y formar como personas a sus habitantes.

MI CONCLUSIÓN

Esta participación fue aleccionante para muchos sectores, ya que se logró unir a todo el país en torno a una figura: el equipo absoluto de fútbol. Adicionalmente, ese fervor patrio y el orgullo dormido por más de medio siglo de conflicto armado despertaron de forma arrasante. Nos falta muchísimo, muchísimo para poder ser líderes en la región; tenemos problemas serios en la erradicación de la pobreza, se permite el consumo de dosis mínimas de drogas pero no parece existir una política seria de prevención al consumo. La educación cumple a medias en cobertura pero su calidad es desastrosa, las universidades de garaje llenaron de profesionales mediocres y ambiciosos el mercado laboral colombiano y la salud, gracias a la legislación de un personajillo que llegó a presidente, se convirtió en un lucrativo y corrupto negocio que le ha costado la vida a millones de colombianos ahogados entre acciones de tutela, contraórdenes y paseos de la muerte. Es reconfortante lo logrado en un deporte, pero no puede ser venda para que nosotros mismos neguemos la realidad en la que nos hallamos inmersos. En cada uno de los colombianos está el cambio; es tiempo de empezar.

martes, julio 01, 2014

La invitación.

(N. de la R. : Este post fue escrito antes del partido COL-GRE)

En mi vida he asistido a muy, muy pocas fiestas. En algunas ocasiones he rehusado asistir para evitar llevarme sorpresas amargas, porque no tenía ni ropa ni plata o porque simplemente no tenía ánimo de asistir. Asi mismo, he organizado muy pocas, casi ninguna. De hecho, en mi adolescencia lo más que organizábamos con mi hermano eran noches de póker, frituras y cerveza con los amigos que iban a visitarnos. Muy poca vida social con féminas fue la constante en esos años de adolescencia.

Solo cuando entré a la Universidad, pude asistir a uno que otro condumio. Y allí me di cuenta que se pueden identificar muchos tipos de personas, dependiendo de cómo terminen la fiesta. Algunos son los que van a animar, los que van a bailar así lo hagan mal, los que aportan para la vaca y beben moderadamente, que se van temprano despidiéndose de todos y ocasionalmente son mencionados. Así mismo, algunos son "las vedettes": tanto hombres como mujeres que son el oscuro objeto del deseo y por quienes unas suspiran, otras se atreven, solo una logra su cometido. Ídem pasa con las mujeres, pero usualmente existen menos posibilidades de éxito entre los invitados. A menos, claro, que sea el anfitrión el que pueda ser bendecido con estos cariños. Ya que menciono al anfitrión, técnicamente es él quien debería considerarse como el ganador de la fiesta. Pero en algunos casos es ignorado por los invitados del sexo opuesto o tenido en cuenta cuando ocurre alguna clase de desastre en el recinto donde la fiesta es llevada a cabo. Y aparecen algunos que llegan "pisando fuerte", aunque no se vean muy imponentes físicamente: el bailarín experto, el tipo de la labia irresistible, la chica que sin ser muy atractiva despierta el deseo de más de uno, el tipo que estuvo fuera del país o de la ciudad y va a contar sus anécdotas, entre tantos otros. Finalmente los pocos que sobreviven el ajetreo propio de un jolgorio de este tipo caen rendidos antes que termine la fiesta, algunos se retiran en medio de polémicas y discusiones (cosa muy fecunda en esta tierra el dar gente así), y solo algún afortunado que hizo todo bien y al que le salió todo bien, terminó quedándose con la más linda de la fiesta, para no soltarla al menos hasta la siguiente juerga, mientras el resto (que no se explica qué les salió al revés) mira con un dejo de rabia cómo ese afortunado logró lo que ellos deseaban pero se quedaron con las ganas. Ídem con las mujeres que supieron sacarle provecho a lo suyo, a sus encantos bien jugados, a la canción oportuna, al halago bien dicho y se quedaron con el que (casi) todas querían. Y también, con la incertidumbre de saber si aguantaría hasta la otra fiesta.

Hace mucho que no voy a fiestas.

Y lo más parecido a una fiesta de esas selectas a las que uno quisiera ser invitado es el mundial de fútbol.

Con las selecciones pasa mucho de lo previamente descrito. Hay selecciones que llegan pisando fuerte, algunas sorprenden pero se desinflan en primera ronda, están las favoritas de siempre y (por supuesto) el anfitrión de la fiesta, el que espera que la copa se quede en casa.

En este momento, escribo con algunos interrogantes luego de la lesión de Falcao, los amistosos en los que hay más dudas que certezas, el funcionamiento colectivo que a ratos anda y a ratos no. Luego de dieciséis años, volvemos a ser invitados a este fiesta por mérito propio, no agarrándonos del último vagón. Y con un equipo que tiene más de sorpresa que de vedette aunque haya estado como cabeza de grupo (vaya Dios a saber cómo diantres funciona el escalafón FIFA). Imagino a la selección como la niña promedio que se esmera en verse linda, que va no solo a estar sino a destacarse, a dar de qué hablar, a sorprender. Pero también imagino que en su casa desean que no se devuelva tan temprano, que se destaque. Que se traiga de regreso a casa lo mejor que pueda. Porque en su casa (y solo en su casa) creen que la niña ya está en edad de merecer.

Esta casa, Colombia, espera que su niña hermosa llamada "La Selección" se goce la fiesta hasta el final. Y ojalá la fiesta sea de largo aliento.


Vamos, niña hermosa. Danos una alegría, ya es justo.

POSTADA:

Al publicar este post, la "niña sorpresa" está a punto de disputarse con la anfitriona el estar más cerca del anhelado trofeo. A propios y extraños ha sorprendido, mientras en su casa no saben cómo manejar tanta emoción. A la niña bonita de esta fiesta, a la selección de la tierra que me vio nacer, a la representante del país de mis padres, le deseo lo mejor. Que llegue hasta la final, que gane, que se traiga el trofeo a la casa. Pero si no lo logra, ya sabemos que dio de qué hablar. Y que en la próxima fiesta va a ser la niña bonita, bonita, bonita que va decidida a arrasar con todo. Aunque la fiesta sea en la misma Siberia.

martes, junio 17, 2014

¿No es de extrañar? (mi enganche con Keane)

Una amiga me dijo en más de una ocasión que tenía gustos musicales muy cerrados. Eso no es del todo cierto: a mí me gusta la música bien hecha, las letras que dejan alguna clase de mensaje, las secuencias que te hacen dar ganas de agarrar un teclado, una guitarra y querer intentarlo tú también.

Aunque mi habilidad natural se ha decantado hacia la escritura, siempre he sentido una fascinación especial por la música. Y cuando descubro alguna canción que me gusta, termino metiéndome de cabeza en la discografía de esa banda, esperando hallar joyas musicales que nunca han sonado en la radio. Mi romance con The Cure y Jane's Addiction empezó de esa forma. Tanto así que, cuando vino Jane's Addiction a Bogotá, fui uno de los pocos que literalmente se desgañitó cantando "Ted, just admit it...", lo que demostró que muchos de los asistentes estaban más enganchados con "Stop!" o "Been caught stealing", éxitos de la radio de los primeros años '90.

Hace mucho, mucho rato que no me ocurría con una banda lo que me está ocurriendo con Keane. Es una banda atipica (no tienen guitarrista; en cambio cuentan con un tecladista que toca al estilo Manzarek), la voz del vocalista es tremendamente agradable de escuchar y las letras son demoledoras. Creo que esa parte, el lirismo de sus creaciones, es el que más me llenó.

La primera canción que escuché de ellos fue la que todo el mundo escuchó. "Is it any wonder?" (canción que le da título a este post), tiene una de las letras más impactantes que haya escuchado. Y ahí me enamoré de su música.



"Oh lo estas intentando 
Estoy algo sorprendido, estoy cansado
Estoy algo sorprendido y me siento tenso 
Estoy algo sorprendido y no se que creer 
Todos estos días 
después de la miseria vista
Estoy algo sorprendido y siento miedo
Estoy algo sorprendido y siento engañado."


¿No es de extrañar? Una canción brutal en su letra, demoledora en su ritmo, con unas vocales que parecen un reclamo entonado de forma seductora.


Después de esa, una de las más populares de ellos invadíó mis oídos y mi mente: "Somewhere only we know".




"Y si tienes un minuto ¿Por qué no vamos a

Hablar de esto a un lugar 
que solo nosotros conocemos?
Este podría ser el final de todo
Entonces ¿Por qué no vamos
A un lugar que solo nosotros conocemos?"

Pero hubo una canción que me impactó mucho más, que me pareció más fuerte que la primera: "Crystal ball".



"Oh, bola de cristal, bola de cristal
Sálvanos a todos, dime que la vida es bella
Espejo, espejo en la pared
Oh, bola de cristal, oye mi canción 
Me estoy marchitando, todo lo que sé está mal
Así que ponme donde pertenezco"

Cuando empecé a mirar más profundamente en la música de Keane, encontré una canción de esas que jamás sonaron en radio aquí, pero que fue un éxito mundial: "Nothing in my way".




"Y ¿por qué dirías 
Es sólo otro día, nada en mi camino 
No me quiero ir, no me quiero quedar?
¿No hay nada más que decir? 
¿Y porqué mentirías? 
Cuando quieres morir, cuando te duele dentro 
No se porque mientes de todas formas 
Ahora no hay nada más por decir"


Cuando suena esa frase, demoledora por demás, siento que estos músicos han entendido mucho sobre la clase de tribulaciones que encierran a muchas personas en la vida actual. Pero esta canción en particular, "Nothing in my way", muestra la poca valía que tiene el amor verdadero en estos días. Aunque alguien se esté desgarrando por dentro prefiere hacerse el fuerte y decir "aquí no ha pasado nada", "estoy muy bien solo (a)", y frases de ese tenor. Cada vez más egoístas, más autosuficientes, cada vez más condenados a la traición y más cercanos a una soledad amarga.

Debo admitir que Keane ha dejado una huella muy profunda en mi vida musical y ahora se encuentra, en mis gustos personales, al nivel de bandas como Stone Temple Pilots, Pearl Jam, The Doors, Jane's Addiction y Los Tres de Chile. Y parafraseando a Neruda, son "ingleses. Sencillamente ingleses".