El vago tras esta idea.

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Un vago estudiante de la muerte... (inspirado en "No Tan Alto" - Gracias Pablo).

lunes, marzo 31, 2014

Decepcionado (promesas rotas).

Uno de mis grandes problemas ha sido esperar cosas que no van a llegar. Alimentar promesas que no van a cumplirse. Eso me ha arrastrado por una espiral de decepción e incredulidad en las personas, actitud que a todas luces es malsana. En estos tiempos, ser iluso es creer en una promesa hecha y esperar que se cumpla. Y la gente que (al igual que yo) espera de esa forma, vive infeliz por eso.

Muchas promesas terminan rompiéndose por acontecimientos que escapan a nuestro control, a nuestra realidad. Y al parecer la vida lleva muchísimas "variables de holgura" que, para equilibrar el sistema, simplemente desaparecen cuando se rompen las restricciones de no-negatividad. Como el concierto que se cancela, un despido inesperado, el fallecimiento de alguna persona. ¿Quién puede controlar eso? Nadie, no hay ser humano que pueda controlar todo su entorno alrededor.



"Decepcionado y sin hacer nada.
Aplastado como un bicho en el suelo.
Decepcionado y sin hacer nada".

"Let down" - Radiohead

Después de la decepción, viene la inactividad. El rendirse, el dejar de luchar, el no volver a creer.

Leyendo algunas de esas frases de motivación que de cuando en vez invaden los perfiles de Facebook de muchas personas alrededor del mundo, aparecen mensajes esperanzadores. Uno de ellos es el no esperar nada de nadie para evitar eso. Seguramente ni de nosotros mismos debemos esperar tanto, pare evitar caer en el juego de la auto-recriminación, la frustración y la espiral en la que terminamos con ganas de no seguir luchando.

Al ver en retrospectiva, solo hubo una lucha que hice a brazo partido, a pesar de todas las adversidades vividas: obtener mi título profesional. Y cuando miro hacia atrás, me pregunto "¿de dónde demonios saqué tanta fuerza para seguir luchando, a pesar de (incluso) las humillaciones injustas recibidas de parte de otros que nada tenían que ver en mi vida?" La fuerza no la saqué yo solo. La saqué de Dios, de la mujer que mira al mar con sus incesantes palabras de aliento, de mis amados amigos del Círculo. Incluso de personas de las que no esperaba nada, me brindaron apoyo cuando más lo necesitaba.

Así discurre la vida y no había querido verlo de esa forma: es mejor no esperar nada, no creer en promesas, buscar siempre la forma de sacar fuerza y seguir luchando, aun teniendo al mundo en contra. Ya lo hice una vez, ¿por qué no una vez más?


"Y cada cosita sobre esto me dice
Que nada me ayudará
Todas estas palabras que
Escucho son solo promesas rotas ahora"

"Promises broken" -Soul Asylum

Seguramente la gente común y corriente toma a la ligera las cosas que promete. Trato de no prometer cosas justamente por eso: si algún día la vida me da una vuelta en la que no pueda cumplirla, es mejor evitar la vergüenza de tener que decirle a quien se le haya hecho que no se puede cumplir. Y definitivamente, hacer oídos sordos a tanta palabra entusiasta en un momento de euforia: el tiempo se encargará de romperla; el viento, de llevársela. Empezando con las manidas promesas electoreras y de ahí en adelante.

viernes, marzo 28, 2014

Aprendizaje.

Estoy en una etapa de aprendizaje.



Debido a diversos aspectos, muchos de los demonios que por años me han perseguido volvieron a aparecer en este año. A veces no se entiende el por qué ocurren algunas cosas que duelen, que hieren... hasta que se logra tomar distancia de ellas y se pueden ver en su real magnitud. Afortunadamente, esta vez no estoy solo.

Afortunadamente para mí tengo la compañía y el apoyo de la mujer que mira al mar, de mi adorado hijo Juan, de mis mejores amigos, de mis jefes e incluso, de una psicóloga que me está tratando para evitar que vuelva a caer en las mismas situaciones de antes: solo, bebiendo hasta caer, deprimido, huyendo de la luz del día, evitando la gran mayoría de personas posible.

Siempre tuve como fuente de tristeza las cosas que me han ocurrido, las personas que me han lastimado, las heridas causadas. Pero por más que quiera, ese pasado no puedo modificarlo. Y el vivir aferrado a tantas cosas que no aportan me fue quitando muchas cosas. Inclusive, las ganas de sonreír. Y quedaron muchas heridas abiertas por ello. Heridas que nunca dejé que cerraran de forma adecuada y que, por el contrario, de vez en cuando abría para tirarles sal y que dolieran más, como una forma de castigarme por mi mala suerte.

A veces, cuando logro alcanzar ciertos niveles de lucidez, me pregunto "¿dónde estaría en este momento si no me hubiera torturado adrede durante tantos años?" Esa pregunta es tan ociosa como jugar el Baloto: son tantas cosas, tantos factores que pueden distorsionar esa romántica visión de lo que habría sido si se hubiera hecho tal o cual cosa. Hoy, con 35 años a cuestas y rodeado de dificultades, solo me queda hacer lo mismo que hice durante tantos años en la Nacional: sacudirme el polvo después de la caída, levantarme y seguir intentando. Nada de lo pasado puede remediarse: solo queda avanzar, seguir adelante con todo el aprendizaje que dejaron tantos años de errores, de golpes, de dolor y de frustración, para convertir tan amargo cáliz en el trago más dulce, que nos pueda llevar a un mejor sitio, que nos dé bienestar, que nos siga brindando alegría.

Al parecer, solo se trata de vivir, ¿no?




"Y así encuentras una paloma herida
que te cuenta su poesía de haber 
amado y quebrantado otra ilusión.
Seguro que al rato estará volando
inventando otra esperanza
para volver a vivir."

"Solo se trata de vivir" - Litto Nebbia.

jueves, febrero 20, 2014

Los mejores amigos de una mujer.

Hace unos días, mientras recordaba a un par de mujeres que hicieron parte de mi vida amorosa, encontré un común denominador: ambas están casadas hoy día con quienes, en su momento, fueron sus mejores amigos. Aun ignoro las razones y circunstancias que propiciaron el acercamiento y tampoco estoy muy interesado en averiguarlas. Pero de algo sí estoy seguro: fue el profundo conocimiento del uno respecto al otro lo que los animó a decir "bueno, ¿por qué no?". Además de notar algo que seguramente les agradaba pero que seguramente ignoraban adrede, en un acto recíproco de mantener una relación de amistad que, muy seguramente, les parecía más duradera.

Claro, toda regla tiene su excepción; yo conozco dos de ellas. Y una de esas soy yo mismo. Durante más de 3 años pretendí a una vecina de la cual no pude ser sino su "mejor amigo". Tal vez me faltó paciencia, o tal vez me faltó esforzarme más para graduarme más rápido, conseguir un buen puesto y deslumbrarla con lo que en ese momento la hacía suspirar: el dinero. O tal vez fue más sensato simplemente desistir. Andaba ya bastante enloquecido, tratando de superar mis propios demonios, que tal vez eso terminó con el tiempo restándome posibilidades hasta hacer que tendieran a cero. Y finalmente pasaron más de 10 años. Mientras con la paciencia y la guía de la mujer que mira al mar iba superando, de uno en uno, mis peores miedos, muchos resentimientos y dolores, esa antigua pretendida forjaba una familia que tuvo un doloroso final: en una de esas revisiones de celular, ella encontró que su adorado y adinerado marido la había estado engañando durante su embarazo. A pesar del dolor que le representó esa noticia, siguió valerosamente sola con su embarazo y tuvo a su niño. Cuando su bebé nació, le dije que lo cuidara mucho porque sería el amor más genuino que pudiera hallar en su vida. Para ese entonces, mi vástago ya contaba con 2 años.

Hoy día me dice esta sirenita que, cuando vamos caminando por la calle y ella se encuentra con nosotros, me mira de una forma diferente cuando yo viro la cabeza hacia otra parte. Como reprochándose por no ser ella quien esté a mi lado. No me alegra. Me da mucha tristeza por ella que su matrimonio haya terminado de la forma en la que ocurrió. Y lo digo porque yo estaría enloquecido sin poder ver a mi hijo todos los días, sin sentirlo cerca, sin tener la posibilidad de arroparlo en las frías noches de invierno, incluso de cuidarlo cuando está enfermo.

Tal vez, esa situación en particular me terminó revelando una verdad que al parecer puede ser aplicable para muchos casos: si eres mujer, cuida a tu mejor amigo. El día de mañana puede ser tu esposo. Y si eres hombre, solo ten paciencia y sé perseverante: tanto deseo reprimido puede desfogarse en una noche de bodas con aquella a la que deseas en silencio.

Personas como yo no contamos con la suerte de ser una muestra más en el cumplimiento de una verdad de puño. Solo una excepción que termina confirmando la regla.

domingo, febrero 09, 2014

Los hilos invisibles.

Hace poco encontré en Internet un artículo en el cual mencionaba a Whatsapp como responsable de millones de rompimientos alrededor del orbe. Dentro de las cosas que mencionaba es que se entendía el doble "visto bueno" como entregado y leído. Pero, a diferencia del BlackBerry Messenger (BBM), donde aparecen las letras "D" (delivered, enviado) y "R" (read, leído), en Whatsapp un visto bueno significa "envío en proceso" y dos, "enviado y entregado". Whatsapp jamás avisa cuando uno o varios mensajes se han leído.

(El artículo, que fue publicado en varios medios, incluyendo "El Espectador" de Colombia, puede ser consultado aquí)

Sin embargo, esa solo es una parte de la historia. Lo verdaderamente interesante del Whatsapp (y, en general, de miles de aplicaciones de mensajería instantánea que existen en todo el mundo), es que los historiales de conversación también han desatado verdaderas tormentas entre parejas que, en una sesión de "vamos a chismosear" terminan hallando comprometedoras conversaciones de toda índole, conversaciones que han tenido su génesis en redes sociales como Facebook, o Twitter. Esta situación en particular nos lleva a pensar el cómo se ha transformado la visión de la infidelidad a través de los años, puesto que si antes primaban los furtivos y escasos encuentros físicos ahora, en una sociedad en la que lo importante es trabajar mucho para conseguir lo que se desea, realmente se encuentra una suerte de ilusión a través de las dulces palabras de otra persona que, quizás, está en la misma situación de la contraparte: sin mucho tiempo para dedicarse a conocer personas, o llena de pánico por las incesantes noticias de casos en los cuales una desconocida en un bar, drogó, robó y abandonó a un incauto que juraba estar haciendo la conquista de su vida.

Muchos profesionales, mandos medios e incluso, personas del común, se arriesgan a compartir algo de sus vidas a través de esas ventanas llamadas "redes sociales", entretejiendo hilos invisibles de relaciones imaginarias, de juramentos idílicos acompañados con las palabras "yo haría", "yo estaría", condicionantes gramaticales que cargan más de fantasía los anhelos que parte y contraparte alimentan a través de cada conversación, sin ser capaces de enfrentar las situaciones que viven, ya sea por miedo a la sociedad o a la soledad, o cualquier otra clase de temores que puedan albergar.

Hace mucho tiempo, cuando era niño, veía cómo las adolescentes que iban a casa de mis padres (consecuencia de vivir con una prima mucho mayor que nosotros) suspiraban llenando cuadernos con almibaradas frases de amor, decoraciones que brillaban por su ingenio (hacer un corazón con viruta de lápiz Mirado N° 2 no es tan sencillo como parece), flores secas, fotos de artistas del momento y, por supuesto, apartes de diversas revistas con nombres tan cursis como comunes: "Jazmín, historia de amor", "pasión y seducción", "Corazones en deuda" y un sinfín de títulos de ese mismo tenor, idealizaban las relaciones de pareja y dejaban a punto de nieve los ingenuos corazones de tantas muchachas que, con el tiempo, terminaban estrellándose con realidades que en nada se parecían a esos idealizados relatos que solo funcionan bien en el papel. Pero ¿a qué viene todo esto? Es simple: el ser humano se maravilla escuchando historias. Historias de todo tipo, pero siempre existe la generalidad de preferencia de dos argumentos: en el caso del hombre, aquella historia en la que es un hombre el que se convierte en héroe y salva a la doncella, por una parte; por la otra parte (en el caso de la mujer, quiero decir) ama las historias en donde ella, doncella sufrida, encerrada en una torre donde se encuentra cautiva a manos de una maléfica criatura (madrastra, dragón, bruja...) sueña cada noche con que un príncipe gallardo y apuesto llegue a salvarla.

"Una vida sin amor"... bastante diciente el título.

En uno de los textos que yo más cito ("De cómo fue salvado Wang-Fo", de Marguerite Yourcenar), la autora abarca desde una óptica medio mágica algo que nosotros vivimos a diario: la idealización del mundo que nos rodea. Creemos en esas historias de amor que Hollywood nos vende, en la sensualidad femenina en la que la publicidad envuelve el frenesí de consumo para que nos traguemos esa pastilla; en que sí existe la relación perfecta en donde el amor hace parte de la atmósfera. Pues no, nada hay más falso que esas ideas. En toda relación humana siempre existirá la necesidad de contender; así sea una persona sumisa por naturaleza, en algún momento estalla. Siempre habrá alguna fibra sensible que, al ser tocada, saca lo peor de nosotros, seamos hombres o mujeres. Pero eso sí, a pesar de nuestras realidades, nadie ha perdido su capacidad creativa para expresar con palabras la arquitectura de situaciones idílicas. El problema está cuando, al momento de pretender ser llevadas a la realidad, lo que se ve termina distando enormemente de lo que se había imaginado. Sin embargo, estos hilos invisibles que se entretejen en millones de conversaciones alrededor del mundo seguirán llenando las arcas de los fabricantes de celulares, los proveedores de las aplicaciones, los operadores de red de datos y de ahí en adelante, todo en aras de seguir maquillando las realidades, unos entre otros, con las herramientas que los previamente mencionados han puesto a disposición de todos.

¿No será que el exceso de herramientas de comunicación en realidad ha conseguido alejar nuestros ojos de la realidad cotidiana, mientras soñamos a diario con situaciones tan irreales como imposibles de ser llevadas a cabo? ¿Y que tal vez por esa misma razón, buscamos paliar una sensación de soledad, abandono o rechazo a través de charlas con alguien que siempre está pendiente al otro lado de la aplicación, dispuesto a componer algo que no pasará de ser un simple ejercicio creativo?

Para finalizar y sin ir más lejos, en la película de 1998 "You've got mail" (tienes un e-mail), se abarca el tema de esas relaciones creadas en el plano virtual, imposibles de ser llevadas a cabo en el plano real. Pues ¡Vaya sorpresa! La película mezcla dos recursos, uno literario y otro cinematográfico: "You've got mail" es un remake de la película "The shop around the corner", grabada en 1940, además de citar muchas veces algunas situaciones de la comedia romántica "Orgullo y prejuicio" de Jane Austen. En resumen, solo cambia el escenario: la historia sigue siendo la misma.

sábado, enero 25, 2014

Un año después.

Son muchas las cosas que pueden ocurrir en un segundo. ¿Cuántas más, entonces, pueden ocurrir en un año? Sin ir más lejos, hace un año estaba replanteando mi posibilidad de continuar en la firma donde me encontraba, ya que la gerencia había decidido no aumentar los salarios del personal profesional. Y di el salto al lugar donde ahora me encuentro. Y me encuentro mucho mejor, en comparación a la situación financiera de hace un año. Pero también, en este año ocurrieron cosas tanto alentadoras como descorazonadoras. Cientos de situaciones que no viene en este momento traer a colación, pero que me dieron nuevas perspectivas sobre la vida y las personas. Una de ellas gira en torno a una persona en particular, alguien a quien, sin proponérmelo, terminé sirviéndole de paño de lágrimas al ver que un giro del destino se le llevaba y le traía a la persona más especial de su vida, de vuelta y vuelta.


"Hoy el mundo da otra vuelta, pero no me han pregunta'o".

Con esta amiga hemos tenido momentos inmensos de cariño y de rabia, hemos hablado y nos hemos ignorado; nos hemos reprochado cosas y nos hemos cantado la tabla de la peor forma posible. Y también, hace un año, me dio la respuesta a una pregunta que llevaba haciéndome durante años. Y fue la última vez que me pude responder algo a través de su tribuna. Al igual que ocurre con los ríos cuando llegan a un estuario, tantas sensaciones tormentosas y caudalosas llegan a su fin, absorbidas por un mar en calma que marca una enorme distancia para restringir más encuentros, para ir apagando el interés de concertar una cita, una salida a tomar un café.

A las personas que me dicen "tú has cambiado", les respondo "y tú también. Nadie puede seguir viviendo y ser el mismo durante un tiempo muy largo, porque o la vida no le afecta o no desea aprender". Todos cambiamos. Y sé que tú también lo has hecho, después de todo lo que pasaste en el último año. Y sí, las cosas son mucho mejor así como se han quedado: como un río que por fin ha encontrado la paz en el mar.

viernes, enero 03, 2014

La resaca del 2 de enero.

Nada peor hay que la resaca del día lunes, esa pesada sensación que queda el domingo en la noche (tema sobre el cual ya se había escrito previamente en este blog) para tener que salir de la inercia del domingo y retomar labores. Pero descubrí que hay una resaca peor: la del 2 de enero.

No abren los restaurantes, los asaderos venden almuerzos a un límite de spaghetti o fríjoles con los acompañamientos tipo ACPM, las papelerías, farmacias y medianos negocios decoran sus puertas con un letrero que reza "estamos en inventario, volvemos a partir del X de enero" (siendo X un entero positivo, no un diez romano), las calles brillan por la ausencia de vehículos particulares... y la pésima programación de rutas para el transporte urbano disponible.

Lo más curioso es encontrar gente que no vive aquí, perdida tratando de tomar un bus que la lleve al sitio donde se hospeda.

Algunos hicieron su cierre de inventario ordenando sus blogs; otros, presurosamente, arman presupuestos de gastos para este año, calculando a cuanto deberá ascender la facturación mensual. Al mejor estilo Ned Flanders. Otros, mientras tanto, estamos tratando de evitar vincular el clima y las calles a momentos pasados, para darle un toque único al presente.

Durante años, traté de preocuparme por el "ahora" únicamente. Tenía mis propios líos con el alcohol, era la única forma en la que realmente me sentía algo aliviado, en medio de esa pesada carga que insistía en llevar. Así, durante años. A partir de 2001 empezó a cambiar, gradualmente, esa posición. Digamos que no fue tiempo perdido; simplemente, fueron experiencias y personas que pasaron y se quedaron.

En medio de la resaca de cada 2 de enero, mi principal preocupación era el no tener dinero. Ahora, mi preocupación es que no tengo tiempo; es decir, no tengo el tiempo disponible que deseo. Mientras en muchas empresas hubo una para de 2 días como mínimo, yo seguí derecho, en medio de una extrañísima semana. Y no es precisamente una queja: detesto las movilizaciones masivas de gente a sitios turísticos. Todo está lleno, todo es caro, todo el mundo va en "plan a ver qué agarro", entre muchas otras cosas. Disfruto viajar en flotas vacías (viajar en avión lo hace rápido pero me gusta disfrutar el paisaje), zambullirme en piscinas desocupadas, caminar por las calles vacías de un pueblo en el que no haya turistas con cara de idiotas, maravillándose con cuanta pendejada ven (lo sé porque también he sido esa clase de turista). Me gusta tomarme una cerveza en una barra vacía, en un bar igual de vacío, solo por el enorme placer que para mí significa beber alcohol solo. Me gusta la sensación de entrar a un hotel en el que no hay huéspedes casi, en donde los dependientes sí me dediquen tiempo y no tengan excusas para tardar. Tal vez es que no me agrada el contacto con desconocidos.

En fin, la resaca del 2 de enero causa un efecto modorroso, tanto para los que están descansando como para los que no, lo cual termina marcando un ralentizado inicio de año. Es casi que una forma de "calentar motores". Pero por más que se caliente el motor, en esta sociedad en particular es muy complicado lograr que un inicio de año tenga al menos un sabor decente. Por miles de aspectos.

Bienvenido, 2014.

jueves, noviembre 28, 2013

El pájaro y el alpiste.

A Mârge.

Sería injusto dejar de reconocer la importancia que tiene Mârge en mi vida, a pesar de las diversas diferencias de pensamiento que cada uno tiene respecto a posturas ideológicas puntuales del otro (u otra). Sin embargo, con uno de sus últimos actos (que fue crear una cuenta en Twitter) ha mostrado una inmensa entereza y además, que cambiar de opinión sí es posible. Lo del título del post es porque, debido a un escrito previo de ella, como si fuera alpiste tuvo que tragarse sus palabras en contra de Twitter, y ahora es un pajarito más. Pero para que ella mostrara su bronca hacia esta red social de forma tan abierta, tenía un leit motiv de bastante peso para hacerlo. Y en alguna ocasión me lo comentó, cuando nos referimos a una situación puntual narrada en su blog.

Conozco a su pareja, a quien ella ha elegido como compañero de ruta y con quien ha decidido compartir su espacio vital. Este caballero (en todos los sentidos) es un gran "fana" del Twitter y tiene muchos seguidores, de la misma forma en la que sigue personas. En un evento narrado por ella, este caballero se acercó efusivamente a saludar a un locutor a quien él sigue en Twitter; infortunadamente, la respuesta recibida no fue la que él esperaba. (Esto es un resumen de lo que Mârge, en su momento, narró en un post). Cuando ella me comentó quién era el locutor en mención, atiné a decirle: "pero si yo lo conozco. Es más, me acabó de invitar a asistir al lanzamiento de su último libro". Al contarle eso, ella deseaba poder asistir a ese evento y demostrar que, bajo una esfera eminentemente virtual, no se consiguen amigos. Infortunadamente se le presentó un inconveniente de último minuto y no pudo asistir; de haber ido, habría visto cómo el suscrito no solo fue reconocido sino también saludado con un efusivo abrazo y asaltado con preguntas como "¿dónde dejaste la bicicleta? ¿Cómo está Liliana? ¿Cuánto tiene tu niño?", lo que mostraba una preocupación, si no real al menos muy diplomática y demostrativa de un conocimiento recíproco, así fuera de forma somera, de los aspectos más relevantes de la vida del otro.

Pienso en ese aspecto en particular y me doy cuenta que el principal reproche de Mârge no se debió a la herramienta per se, sino a la falsa sensación de popularidad que causa esa red de "amigos". En lo personal, debo admitir que he contado con algo más de suerte: he logrado entretejer, a través de la virtualidad, relaciones de amistad perdurables hasta el día de hoy; con varios de estos amigos se ha podido incluso compartir momentos muy especiales (como el nacimiento de mi hijo, por ejemplo), o se ha disfrutado de agradables tertulias y momentos de diversión, así como un cariño genuino por cada uno de ellos, a pesar de las diferencias en lo que a tendencias de pensamiento se refiere. Tanto así es, que la principal lectora de este blog no solo es una de mis más cercanas y mejores amigas: nuestra amistad se fundamentó en los variados intercambios de opinión que, a través de un foro, hiciéramos sobre diversos temas.

Como cualquier herramienta virtual, Twitter tiene tanto de bueno como de malo. La clave radica en el uso que se le dé, el impacto que pueda causarse y la seriedad con la que se tome. Un analista de redes sociales mencionaba que "Twitter es una herramienta en caliente para usarse con cabeza fría". Y tiene razón: si el éxito de la publicidad es decir mucho en muy poco, el éxito de Twitter mide la sagacidad y la rapidez mental de sus usuarios, a un límite de 140 caracteres. Por eso, y porque conozco a Mârge desde hace muchos años, tengo altas expectativas sobre su desempeño en esta red y espero que su mordacidad, de la que hemos disfrutado pocos, la podamos ver en sus trinos.

@ElectDesignEAM

martes, noviembre 19, 2013

La banda de Möbius

Cuando era niño mi padre compró algo que (en esa época) no debía faltar en ningún hogar: una Enciclopedia. La enciclopedia comprada fue la Círculo (ya que el Círculo de lectores daba facilidades para poder pagarla), junto con la cual recibimos de regalo un libro que compilaba cuentos de varias partes del mundo (ahí conocí la historia del aventurero Peer Gynt y leí, sin censura, la versión original de La Sirenita), un acetato que tenía 2 canciones (La Manzanita y El Hombrecito, canciones que jamás pude escuchar porque no había tornamesa en mi casa) y un libro escrito por Amparo Ángel, donde narraba la vida de Cristóbal Colón en un lenguaje muy adecuado para niños, sin mostrar cuanta intriga y traición había en ese hervidero llamado "Europa medieval". Adicionalmente, mi padre decidió que era bueno comprar 4 tomos adicionales: matemáticas, física, química y un diccionario Inglés-Español / Español-Inglés, los cuales complementaban la dichosa enciclopedia. De esos 4 tomos, 3 pude entenderlos cuando ya cursaba la carrera de ingeniería. Pero hubo algunas partes del libro de matemáticas que me dejaron una huella en la mente, desde hace 25 años hasta hoy. Y siguen estando ahí.

LA FRASE.

El libro abre con una frase que dice "Había una vez una gota de agua que quería comprender los océanos..."

Es una reflexión sobre lo pequeña que es la mente humana (individualmente hablando) frente al mar de conocimientos colectivos que, en siglos de historia, la humanidad ha construido. Esa frase al parecer fue inspirada en una máxima de sir Isaac Newton: "Lo que conocemos es una gota de agua; lo que ignoramos, el océano".

EL ACERTIJO.

Dentro de la sección de probabilidad aparecía una gráfica de un legendario acertijo: los puentes de Königsberg. Volví a saber de ese problema cuando vi en la Universidad una materia llamada "programación lineal y grafos", ya que el acertijo se resuelve a través de un grafo. En alguna ocasión encontré la secuencia correcta, pero como teníamos prohibido rayar los libros, no pude dejar evidencia de la respuesta. A veces pienso que no es tan buena idea no poder rayar los libros. Pero por esa curiosidad lectora conocía el acertijo desde mucho antes de verlo en la universidad.

EL DIBUJO.

En este libro me empecé a maravillar por la obra de M.C. Escher. Y he conocido a muy, pero muy poca gente a la que realmente le apasione tanto la obra de Escher como a mí, o más. Una de esas personas va de la mano con una historia llena de dolor (en cierto modo). Pero además de los dibujos de Escher (como la litografía de Belvedere, o Ángeles y Demonios), conocí la banda de Möbius. Eso fue en 1988: tenía 10 años. Lo recuerdo porque hice una con hojas de directorio de las que sabía que jamás serían consultadas (la guía hotelera era algo que no se consultaba en casa y que aún hoy no se consulta) y ese año la ETB publicó unas portadas muy bonitas aludiendo los 450 años de Bogotá. La lógica de la banda de Möbius la explicó Antanas Mockus en una de sus alcaldías, tratando de ilustrar su lema "Todos del mismo lado": esta banda es una tira de papel que ha sido cortada, girada 180° en uno de sus extremos y vuelta a unir. Andar por la cinta es terminar recorriéndola SIEMPRE POR LA MISMA CARA. A eso aludía Mockus, a eso quiero llegar.

LA CONCLUSIÓN.

La banda de Möbius es, tal vez, una de las demostraciones más contundentes de que las cosas no tienen dos lados: tienen dos puntos de vista sobre un mismo lado. Y es muy posible que el desconocimiento de ello sea el que nos cause tantos problemas de entendimiento. Todos estamos del mismo lado, pero en lugares distintos de la cinta.


Como las hormigas de Escher, andando por la banda de Möbius (Moebius II, 1963)

A veces pienso que la banda de Möbius y la notación de "infinito" van de la mano...

lunes, noviembre 18, 2013

¿Así que eso era lo que escuchaba?

Una de mis películas favoritas de todos los tiempos es "High Fidelity". Protagonizada brillantemente por John Cusack, muestra las relaciones existentes entre la música norteamericana de la segunda mitad del s. XX y las diversas maneras cliché de afrontar una relación de pareja: desde el cortejo hasta el asentamiento de la relación como tal, pasando por las peleas, los desacuerdos y, cuándo no, las rupturas. Aficionado a la música como pocos, su personaje (Rob Gordon) hace un "top 5" de aspectos de su vida, como sus parejas. Sin ahondar más en la película, la introducción que hace mientras suena al fondo "You're gonna miss me", de The 13th Floor Elevators, es tal vez una de las verdades más contundentes que he escuchado sobre la forma en la que muchos muchachos de mi generación (incluyéndome) nos rayamos la cabeza con ideas poco más que absurdas, dada nuestra (en ese momento) corta edad.

        What came first?  The music or the
 misery?  People worry about kids
 playing with guns and watching
 violent videos, we're scared that
 some sort of culture of violence is
 taking them over...
  
 But nobody worries about kids
 listening to thousands -- literally
 thousands -- of songs about broken
 hearts and rejection and pain and
 misery and loss.

(Traducción: ¿Qué vino primero? ¿La música o la miseria? La gente se preocupa por los niños que juegan con armas y ven vídeos violentos, estamos asustados porque alguna clase de cultura violenta se apropia de ellos... pero nadie se preocupa por los niños que escuchan miles --literalmente miles-- de canciones sobre corazones rotos y rechazo y dolor y miseria y pérdida.)

Este es el párrafo con el cual John Cusack abre la película.

Hoy, en búsqueda de respuestas a muchas cosas sobre mi personalidad y demás formas de reacción frente a ciertos acontecimientos, decidí devolverme a escuchar las baladas que, de adolescente, fueron grabadas hasta el hastío en decenas y decenas de cassettes, unas en español, otras en inglés, sierpe transmitidas en la misma franja horaria: de 9 de la noche a 1 de la mañana. En medio de un consejo dado por un amigo como "estategia" para romper el hielo, aprender de música terminó volviéndose una obsesión en lugar de ser un tema con la suficiente ligereza para llamar la atención de alguna compañera adolescente. Volviendo al tema que motiva este post, estuve escuchando varias de las canciones que acompañaron mis noches durante mi adolescencia. Y vaya que el repertorio era tremendo y lacrimógeno a más no poder:

-. "Baby come back" - Player
-. "Hard habit to break" - Chicago
-. "If you leave now" - Peter Cetera & Chicago
-. "Lost in love" - Air Supply
-. "Cherish" - Kool & the gang (con su ruidito de playa en el inicio)
-. "Reunited" - Peaches & Herb
-. "Do that to me one more time" - Captain & Tennille (fue más vergonzoso saber a qué se refería con el "házmelo una vez más")
-. "Close to you" - Carpenters (mucho tiempo después me vine a enterar que Karen Carpenter falleció en 1983, a causa de una anorexia que jamás pudo ser tratada de forma adecuada)
-. "Alone again" - Gilbert O' Sullivan (esa canción es para meterse un tiro, Pedro Remalas es un afortunado)
-. "How can I tell you?" - Cat Stevens (el ejemplo claro de cómo la simple presencia de una mujer atractiva es capaz de volver a alguien un completo idiota... y la confusión que existe entre atracción y amor)
-. "Fast car" - Tracy Chapman (y vengo a enterarme que es la historia de un wey que se vuela en su auto, mientras su amada rememora los momentos vividos en el auto, pinche madre!)
-. "Baby, can I hold you tonight?" - Tracy Chapman (no se supone que es para una relación de años en la que uno de los dos se equivocó?)
-. "Have you ever really loved a woman?" - Bryan Adams (cómo putas, si andaba más solo que un champiñón silvestre?)

Y uno lee las letras de esas canciones (de algunas pude conocer su contenido ya que la extinta editora Cinco imprimía revistas con canciones traducidas al español, estilo "Cante en inglés" y "Cancionero", que costaban tanto como los discos en esa época), y se encuentra que la gran mayoría de las letras giran en torno a esa idealización del amor, a la relación idílica y perfecta en la que nada más importa, y lo que es peor: en la que cada parte JURA que su contraparte o debe ser un valiente príncipe azul, pletórico de romaticismo y sensualidad, O una hermosa y hacendosa princesita que, olvidándose de su recato solamente en las noches, sea capaz de enloquecer al afortunado caballero entre sábanas de algodón egipcio. Como esta clase de situaciones es tan probable de ocurrencia como pegarle al premio gordo del Baloto, está la contraparte musical en la que (y como lo dijo Rob Gordon) todo es una mierda, nada vale la pena, en el mundo las mujeres van predispuestas a jugar contigo y demás. Pues casi que termina ocurriendo lo que describe Marguerite Yourcenar en su cuento "De cómo fue salvado Wang-Fo": la idealización de esa realidad termina deformándola hasta hacerla insoportable. El amor no es la visión errónea de la pareja que camina tomada de la mano mientras el sol se oculta: hay peleas, momentos de desconfianza, de tensión, ganas de no querer ver al otro, por no decir más. Ahora, tampoco es el mar de tormento y dolor en el que uno de los dos protagonistas sufre, sufre y sufre mientras el otro pareciera ignorar el dolor que, por su causa o por causa ajena, le produce a esa persona que, no se sabe si por estoicismo o terquedad, insiste en permanecer ahí, junto a esa persona.

Hay otros casos más complejos pero, debido a esa simplicidad de pensamiento que cualquier persona tiene como base en su adolescencia, estos ejemplos inducidos por la música son atemporales: o ¿acaso no jura Justin Bieber en sus letras amor eterno de adolescente ingenuo?

Tal vez, como le ocurrió al príncipe del reino de Han, muchos salimos fascinados por la idea de amor idílico que la música, el cine, las novelas y hasta nuestras contemporáneas nos vendieron en un atrevido acto de deformación fáctica ante un sentimiento que, aun hoy día, no logro entender en su totalidad sino que, a través de piezas que lo conforman, puedo tener indicios parciales de lo que significa.

Para finalizar, les dejo esta canción de esas noches en las que una grabadora Sharp y una cassette de 90 minutos eran mi compañía:


"Now and forever / I will be your man". Puro y almibarado sentimiento.

sábado, octubre 05, 2013

Lo que ni yo mismo entiendo.

Se fue de largo septiembre. Y como ha sido costumbre desde 1994, ha sido un lamentable mes. Para olvidar, como desde hace 19 años.

Llegó octubre, con este mes mi cumpleaños y la pregunta de siempre, de cada año, que me hace la mujer que mira al mar: "¿qué quieres de cumpleaños?". Honestamente, no tengo idea. Porque lo que yo quiero lo termino comprando (salvo el año pasado que me regalaron un disco y una figurita del dios Ganesh, dos personas diferentes).

Solo las personas que me conocen muy, muy, muy bien saben que siempre en la víspera de mi cumpleaños algo se me rompe por dentro y me torno insoportable. Ahora que lo pienso, no entiendo cómo esta sirenita ha logrado aguantar 12 vísperas (incluyendo esta) en las que el genio se me trastorna de esa manera, para luego caer en una depresión sostenida que finaliza con cada año. Para mí, el último trimestre de cada año es muy desgastante emocionalmente hablando. O me vuelvo taciturno y sombrío o, por el contrario, me torno agresivo y fastidioso. Una de las dos pasa siempre. Y eso, eso es lo que esta sirenita llama "ponerse ventiochudo".

Hubo una época en la que mi fecha de cumpleaños fue una excusa para beber durante 72 horas de corrido, comiendo entre los intervalos. Pero el alcohol pasa su cuenta de cobro y ya no puedo hacerlo de la misma manera. Pareciera que fuera una suerte de ritual autodestructivo que durante años funcionó. Pero cuando ya no estás solo, te das cuenta que no puedes usar tu catalizador y que simplemente te estás desahogando de tanta frustración, tanta ira, tanto desengaño acumulado durante un año, justo en la víspera del que debería ser el día más feliz de cada ciclo anual.

Cuando envejeces te detienes a pensar en el por qué de muchas, muchas cosas. Una de ellas fue, durante estas 2 semanas, ¿qué es lo que me empuja a comportarme de una forma tan agresiva justo en la víspera? No suelo decir muy buenas cosas de mí mismo; prefiero que sean mis acciones las que hablen. Y hay muchas personas que reconocen buenos actos que he hecho por ellos. Pero como cualquier rosa, también tengo espinas que hieren fuerte. Una gran amiga me decía "sorprenderte es imposible". En realidad lo es. Pero la mayor sorpresa que pudiera recibir sería que alguien ayudara a apaciguar mi agresiva postura y me ayudara a entender las raíces de esta reacción anual.

A ver si camino al cuarto piso puedo encontrar la respuesta que llevo buscando casi dos décadas.