miércoles, octubre 18, 2017

Cumpleaños... ¿feliz?

N. de la R.: Este post trata abiertamente sobre el sectarismo. Por la misma razón, no se aceptan críticas de ninguna clase.

13 de octubre. Viernes 13. Coincidía el día de mi nacimiento una vez más. Pocas veces ha pasado. Y salvo la intervención de poquísimas personas, este 39 aniversario pasó como uno de muchos: un acontecimiento para lamentar, para el olvido.

Usualmente no me hago muchas ilusiones en los días previos a mi onomástico, empezando porque sé que, como ha sido costumbre desde hace mucho tiempo, los regalos y los detalles brillarán por su escasez. Debo ser muy complicado entonces: a pesar de ser un conocido coleccionista de cerveza, a nadie se le ha ocurrido obsequiarme una jarra, vaso, toallita, bandeja, alguna cosa relacionada con ese néctar de lúpulo y malta. A pesar de ser un consumado aficionado al fútbol mundial, a nadie se le ha ocurrido regalarme una camiseta de alguna selección desconocida o de gloria efímera (como una camiseta de la selección danesa, argelina, iraní, camboyana, qué se yo), o de uno de esos clubes de historias épicas, dignas de ser contadas (al estilo Cobresal en Chile, San Pauli en Alemania, Vasas en Hungría, Amica en Polonia...). A pesar de ser un aficionado a la lectura, a excepción de la mujer que mira al mar, a nadie se le ha ocurrido obsequiarme un libro. Y esta es la peor de todas: Me encanta Steven Universe. Pero a nadie se le ha ocurrido, por ejemplo, imprimir una camiseta similar a la de Steven. Medio en serio, medio en broma, alguien me preguntó cómo imaginaba que sería mi festejo de cumpleaños. Como una macabra coincidencia y usando un humor negro, como una piedra ónice, dije algo así como que "sería una celebración al mejor estilo de refugiados bosnios en plena guerra balcánica". Dudo muchísimo que en la guerra balcánica se pudiera conseguir torta de chocolate con relativa facilidad; salvo ese detalle, la soledad de la familia (mi familia, no hermanos, no padres) fue igual que esas imágenes en donde los pocos sobrevivientes de una familia tratan de sonreir, olvidando un poco la desgracia que los rodea.

Cuando el lunes festivo llegaba a su fin, recordé una escena de esas películas que me han dejado una huella profunda. Se trata de "Wanted". 



The hatred Janice.
"Wesley: [yelling to Janice] Shut the fuck up!
[the office grows quiet]
Wesley: [to co-workers] She has one single iota of tenuous power. She thinks she can push everyone around.
[grabs Janice's stapler]
Wesley: You don't need this.
[throws stapler into the wall of his cubicle]
Wesley: I understand. Junior high must've been kind of tough, but it doesn't give you the right to treat your workers like horseshit, Janice. I know we laugh at you, Janice. We all know you keep a stash of jelly donuts in the top drawer of your desk.
[crouches down]
Wesley: But I want you to know, if you weren't such a bitch, we'd feel sorry for you. I do feel sorry for you. But as it stands, the way you behave - I feel I can speak for the entire office when I tell you... go fuck yourself."

Janice, la odiosa supervisora de la oficina donde Wesley trabaja, es una de esas curiosas combinaciones de víctima de bullying a victimaria desde su pequeño poder. Janice, a quien todo el mundo le celebra su cumpleaños (ya sea por temor de sus subalternos o por agradecimiento hipócrita de sus superiores, o ambas), es la muestra de que muchos los que disfrutan de muchas celebraciones en sus onomásticos... tienden a ser personas que, año tras año, ven premiada su crueldad. Y eso se ve en muchos niveles, en muchos escenarios.

Aún recuerdo ese "festejo" de 2005 en el que terminé solo en la barra de un bar, bebiendo con una desconocida, que me tiró a un taxi con la dirección de la que en ese entonces era mi casa. Todos y cada uno de los que llamé para que me acompañaran a tomar una cerveza conmigo me rechazaron. ¡Maldita sea, era mi cumpleaños, el único día que podría decir que tiene medianamente significado para mí, como individuo! (los aniversarios, el cumpleaños de mi hijo ya son otra cosa). Y desde ahí empecé a mirar con mucha desconfianza el tema de mi onomástico. Y a dudar sobre mi persona; sobre la posibilidad de merecer una fiesta sorpresa (ese deseo nunca en la jodida vida se me va a cumplir, ¡nunca!), más aún teniendo en cuenta que la mejor fiesta de cumpleaños a la que he asistido la hizo un amigo que cada vez que me ve, me dice lo mismo: "no entiendo cómo un tipo tan pilo como Ud es amigo mío". Yo soy el que no entiende como un gusano como yo puede ser amigo de semejante rockstar. Porque eso fue esa fiesta: un evento digno de rockstars, donde hubo drogas, sexo, techno (pero claro, para los otros invitados), trago, cigarrillos y mucha y deliciosa comida (eso sí, para mí y mi acompañante, la mujer que mira al mar).


Hace un tiempo conocí a una persona, una señora ya hecha y derecha, con una hija, una separación a cuestas y una historia de vida que es fiel reflejo de lo que tiene que soportar una mujer cuando trabaja rodeada de hombres. En medio de todas las charlas que tuvimos sobre la vida y peripecias de cada uno, ella me hacía una afirmación: "cuando quieras que la vida te conceda algo, solo tienes que desearlo con todas tus fuerzas". Mi respuesta fue: "podría hacerte una lista enorme de todas las veces que he terminado como un idiota viendo cómo algo en lo que había cometido el ridículo error de 'visualizarme', de 'sentirlo real', terminaba saliendo exactamente de forma opuesta a como lo había planeado". 

Voy a enumerar solo 5 situaciones; con esas tengo. Y cada una de esas 5 situaciones es de un tema totalmente distinto. Empecemos:

Quinta: el fracaso como escritor. Dos veces me presenté a un concurso de cuento. Y me presenté con la idea imbécil de "visualizarme" en Berlín (el premio era una residencia de creación durante 1 mes en la capital alemana, patrocinada por el Goethe Institut y la Alcaldía Mayor). En la primera vez, no pasé de la preselección. Y en la segunda... tampoco. Cuando me sugirieron presentarme por tercera vez, sólo atiné a decir: "a la mierda ese concurso; para crear literatura no sirvo". (N. de la R.: este blog tiene un blog hermano, en donde el suscrito juega a juntar palabras y a hacer rimas. Esa mierda no es poesía. Esa gran hijueputa mierda no es nada).

Cuarta: tres veces rechazado. He rodado por cuanta firma de ingenieros ha sido posible. Firmas pequeñitas, claro, con aspiraciones modestas y salarios de "hambre", pero en un país donde la informalidad y la desocupación son el pan de cada día de miles de personas, hay que agradecer tener el grillete puesto en el tobillo. Solo 3 veces me he presentado a firmas multinacionales. En las tres veces (y haciendo el mismo ridículo ejercicio de "visualizarse", de "sentirse parte" de cada empresa) fui rechazado. Ahora navego entre un trabajo con una paga más que pésima y una cantidad de contratitos que no puedo ni siquiera ofertar, por un sin fin de razones. Tengo lo que queda de este año para salir de deudas; con ello podré volver a uno de mis pasatiempos favoritos: botella de Black & White y mucha cerveza cada quincena. Espero que ese anhelo sí esté dentro de una suerte de "aspiraciones alcanzables".

Tercera: A la mierda el posgrado. En 2010, lleno de una ilusión inusitada (en la que incluso cometí el error de publicar un post, "Back to U... N.", hoy día archivado), me presenté a un posgrado en la Nacional, mi alma máter. Era una especialización en un tema que me ha apasionado siempre: iluminación interior y alumbrado público. Una vez admitido, cometí la gran cagada de "visualizarme", de "sentirme graduado" de esa especialización, y con todo el ánimo que daba el inicio de una presunta nueva etapa, iría a la primera clase. Con lo que yo no contaba era que la empresa a la que me había presentado como Ing. de proyectos (que por cierto me aceptó como empleado justo una semana antes de la primera clase) y que geográficamente hacía que el plan saliera "perfecto" (quedaba ubicada en el 7 de agosto, a 20 min de la Universidad), me tendría la experiencia más amarga de mi vida laboral: ser Ing. residente de mantenimiento en el MinHacienda (en la gran puta mierda, sin posibilidad de salir temprano, a veces sin posibilidad de salir), situación que me metió en un limbo de reglamento del cual aún no he podido salir. Si quisiera presentarme de nuevo a esa especialización, tendría que solicitar audiencia al Consejo de Sede para que la Facultad hiciera caso de una sentencia expedida por el mismísimo Consejo de Sede, pero que aun no se ha llevado a cabo: limpiar mi historia académica. Cada vez que pienso en un posgrado recuerdo que cuando fui a Medellín... mejor cuento eso en el siguiente punto.

Segunda: Sin derecho a soñar. 2016 era un año que, en el fondo de mi corazón, quería que fuera diferente. Deseaba darle un revolcón a muchas cosas que me causaban inquietud y que me atormentaban sobremanera. Así que (y luego de una sesuda consulta al interior de la casa, buscando cuál podría ser la mejor opción para vivir en todas las ciudades de Colombia) Medellín se terminó convirtiendo en ese destino soñado.Y fue como si hubiera sido planeado por los dioses: la entevista perfecta, un salario bueno, la oportunidad de aprender cosas nuevas, de por fin poder colocar en mi HV un cargo de líder (coordinador de diseño eléctrico)... la oportunidad perfecta para empezar de nuevo. Lo único que puedo decir es que yo realmente estaba poniendo todo de mi parte para que ese anhelo de empezar de nuevo en una ciudad que (digan lo que digan) es maravillosa. Tanto así, que había alcanzado a preguntar cómo inscribirme en la Universidad de Antioquia para hacer un MBA (cuyo horario de viernes en la noche y sábados todo el día poco interfería con mi jornada laboral) y soñaba con que eso realzaría mi HV. Infortunadamente, no ocurría lo mismo aquí en Bogotá, y mientras yo hacía esfuerzos sobrehumanos para pagar doble arriendo y saltar matones allá (terminaba cada quincena con lo justo, y muchas veces tenía que sobrevivir comiendo pan tajado y tomando tinto), aquí faltaron fuerzas de flaqueza y la valentía para sobreponerse a un par de meses duros, que tendrían como recompensa cosas mil veces mejores. Inclusive, hay un detalle en particular: había una casa que estaba en venta; una casa hermosa, de 2 pisos, con una arquitectura bastante sobria. Cuando vi esa casa por primera vez, admito que me enamoré, y ahí fue donde la cagué: me "visualicé" en esa casa, me "sentí dueño" de esa casa, imaginando recibir a mis amigos, haciendo fiestas, asados, duelos de shots. Y la última vez que fui a Medellín, ya la habían vendido. Por eso, cada vez que cometo la idiotez de soñar en algo, de una vez la parte realista me hace entrar en razón y mejor me preparo para la zancadilla, que puede venir de cualquier parte.  Y hablando de zancadillas...

Sonrío como si me importara. Pero es algo que perdi hace tiempo: las ganas de sonreir. Cada vez que lo hago, es por optimismo. Y cada vez que me siento optimista, de una sola cachetada la vida me planta en mi miserable y habitual lugar: el de gusano.


Primera: agradecer lo que se tiene. Hace 5 años cometí un error que pudo haber acabado con mi vida de forma más temprana. A estas alturas ya no sé si puedo decir que fue "afortunadamente" o "infortunadamente". Es más, si todos los caminos de la vida (que no han sido como yo pensaba, ¡nunca!) conducen a la inevitable muerte, ¿por qué carajos debería agradecer la postergación de lo inevitable? Podría decir que ese maldito optimismo me salvó (aún me pregunto de qué...) y terminé recomponiendo una relación que estaba más muerta que viva, llegando incluso a desconocer a quienes habíamos protagonizado tan deleznable capítulo de vida: con peleas y reproches a diario, no entiendo cómo esa relación no finalizó de forma brusca, dolorosa, humillante e hiriente. La verdad, no lo sé. Aunque estuvo a punto de ser así. En un ambiente tan hostil, y siendo paño de lágrimas de otra persona que pasaba por una situación medianamente similar (mi pareja no me entiende, llega malhumorada, le perdí la fe...), solo era cuestión de tiempo para que cada uno viera con ojos diferentes al otro, creyendo que cada uno hallaría la redención en los brazos del otro, lo que me llevaría de cabeza a cometer un error, de la mano de otro. Y ese "error" de imaginarme construyendo una vida en pareja, en medio de las cenizas de dos relaciones fallidas, terminó mandando todo a la mismísima mierda, con una frase recibida de los labios de esa persona, que sólo la muerte me haría olvidar: 

"Nunca fuimos pareja. Lo nuestro sólo existió en tu imaginación".

Acabo de cumplir 39 años. He rodado víctima de mi optimismo exacerbado, de fracaso en fracaso. Cada vez más grande. Cada vez con menos ganas de seguir luchando. Cada vez más cansado. Cada vez más pesimista, porque al menos siendo pesimista se puede aceptar vivir una vida mediocre, sin metas más allá de una botella de whisky cada quincena. Al menos eso, eso termina estando a la mano sin tener que "visualizarse", sin tener que "sentirlo real". Sin mujeres ladinas, sin sicólogos radicales, sin gente dispuesta a hacer trizas los sueños... sólo estar ebrio y ya. Nada más importa.

miércoles, octubre 11, 2017

Las plantas.

“Es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que soportar el pensamiento de la muerte.” (Blaise Pascal)

Por diversas razones que terminaron convirgiendo en un punto que llenó mi alma de pánico, mi más leal amiga tomó la decisión de combatir mi angustia rodeándome de vida. Más concretamente, me regaló dos plantas, muy pequeñas. Empecé a cuidarlas y ellas empezaron a  crecer de forma desbordada; tanto, que las he cambiado 3 veces de matera. Se han puesto hermosas.

Debido al éxito que representó para mí el ver cómo habían crecido, tomé la decisión de sembrar otras cosas. Sembré unos fríjoles, unas alverjas y también recogí de la calle unas cipselas (semillas de diente de león) para que crecieran.

No voy a decir que tooodas geminaron, pero de los 4 fríjoles, 3 se han convertido en vistosas plantas. La única alverja que germinó parece la colita verde de un camarón, mientras termina de desenrollarse para que sus hojas busquen el sol. Y varias de las cipselas buscaron la tierra, prolongando sus raíces y convirtiéndose en tiernos tallos de diente de león, que tímidamente avanzan hacia el cielo.

Encontré en la jardinería un inusual y muy tímido gusto por la vida. No tanto por la propia como sí por la ajena. Y también terminé aprendiendo que no todas las manos pueden ser herramientas de cosecha: el dar vida es un don que parece exclusivo de los campesinos, quienes se enfrentan con su conocimiento a los reveses de la naturaleza para que cada semilla cumpla su ciclo y se vuelva vida y alimento.

¿Qué puedo decir? Que los milagros más simples se pueden encerrar en las cosas más pequeñas.

lunes, septiembre 25, 2017

Mysterious Skin

Una frase suelta me trajo a la memoria una película que, hace muchos años, vi junto a la mujer que mira al mar en una de las (en ese tiempo frecuentes) noches de insomnio. "Mysterious skin" (Oscura inocencia en España) trata sobre muchos temas (abuso infantil, prostitución gay, abducciones...) pero hubo un tema que había pasado por alto y que me recordó una cuestión particular sobre la cual ya había escrito antes. Luego de hablar de este tema con una amiga (me refiero a la película), ella me mencionó que esto, en psicología, se conoce como "Amnesia disociativa", en la cual la mente, para escapar de la impresión causada por haber vivido un acontecimiento traumático, olvida o cambia la ocurrencia del suceso. Justo lo que ocurre con uno de los dos protagonistas de esa película.


ADVERTENCIA: Esta película puede herir la sensibilidad del espectador. No se recomienda para ser vista por menores de edad.

También, hace poco, una persona me decía cuán permeable era a la influencia de acontecimientos a mi alrededor (quien no lo sea es una clase de psicópata, a mi juicio). En medio de tantas cosas, seguramente mi memoria convierte varios de esos acontecimientos traumáticos en cosas imaginadas, como si no fueran reales. Como si jamás hubieran pasado. Y como si todo ese dolor solo fuera resultado de una retorcida vuelta mental.

Tal vez eso explique el por qué de mi adicción (aun) al alcohol. Para convertir esos malos recuerdos... en malos sueños. En situaciones irreales que jamás ocurrieron.

En cosas que solo fueron "producto de la imaginación".

martes, septiembre 19, 2017

Trash can.


"I was angry when I met you
I think I'm angry still
We can try and talk it over
If you say you'll help me out
Don't worry baby
No need to fight
Don't worry baby
We'll be alright
This is the noise that keeps me awake
My head explodes and my body aches
Push it, make the beats go harder
Push it, make the beats go harder
Sorry that I hurt you
Please don't ask me why
I want to see you happy
I want to see you shine"


Tuve la estúpida idea de creer que era diferente, que era especial, que era brillante.

Nada de eso es cierto.

Solo soy un adicto al alcohol y los calmantes, que recae en cada septiembre (menos los dos últimos años, previos a este) y que solo desea cosas imposibles. Como una fiesta sorpresa de cumpleaños (aunque crea que no la merezca).

Solo soy un imbécil que trata de darle sentido a un grupo de palabras, buscando sacarle algo de utilidad al dolor que siente por el simple hecho de estar vivo.

Quiero verte feliz.

Quiero verte brillar.

Pero un agujero negro no es capaz de dar luz para inspirar el brillo de otros.

Solo un trasto de basura que aun sueña con dejar de ser gusano...

martes, septiembre 05, 2017

Amar a un cactus.

"- Si de veras me amas, como me dices ahora, ¿por qué no estamos juntos?
- Porque tú tienes sed de amor, y yo no puedo saciarla"

Una persona muy querida tuvo a bien obsequiarme un par de plantitas, las cuales he cuidado con esmero. Ya tuve que pasar una de ellas a una matera, y de la otra se cayó un tallo que terminó convertido en un "pie" (rizoma), el cual ya está tomando fuerza y se está irguiendo. Debo admitir que siempre he amado las plantas (crecí en medio de un enorme jardín que fue mermándose a medida en que mi padre expandía la casa) y que en alguna ocasión hice germinar alverjas. He intentado, sin éxito, cultivar más plantas. Pero ahora que peuddo cuidar unas plantas ya crecidas, la idea de sembrar me entusiasma nuevamente.

Sin embargo, estas plantitas me han enseñado mucho, lo que tiene que ver enormemente con la frase que abre este post.

Cuando yo era niño, mi hermano y yo éramos muy diferentes. Aún hoy día lo somos. Yo era enormemente consentidor y me encantaba abrazarlo y darle muchos "picos" en sus entonces rozagantes cachetes. Pero eso a él le fastidiaba. Su naturaleza ha sido solitaria, mientras que la mía ha contrastado con un carisma que me ha llevado a tener "amigos", amigos de verdad y cientos de conocidos. Aunque la lección estuvo siempre ahí, frente a mis ojos, me tomó muchísimos años entender que no todo el mundo entiende el afecto de la misma manera, y que hay personas para las cuales un beso les supone un esfuerzo enorme, mientras que para otros expresar el afecto no es concebible sin que las demostraciones físicas (sean cuales fuere) hagan aparición.

Hubo una época en la que creía en esa basura llamada "astrología". Según la astrología, los nacidos entre el 23 de septiembre y el 22 de octubre pertenecen a un "signo" llamado Libra. En prácticamente todos los libros que leía al respecto, decía que (en términos generales) los Libra son unos románticos empedernidos, enamorados del amor, detallistas, coquetos, amantes de la belleza, de la buena mesa y no sé qué más paparruchadas. Por alguna ironía del destino, mientras yo termino siendo más cercano a esa fantasiosa descripción, la vida me estrelló con dos personas Libra que, para mi sorpresa, no tenían casi nada de esa estructura más digna de un personaje de cuento de hadas que de una persona real.


"Here I am expecting just a little bit too much
From the wounded but I see through it all and see you

'Cause I threw you the obvious to see what occurs behind the
eyes of a fallen angel
Eyes of a tragedy
oh well, oh well apparently nothing
apparently nothing at all"

El primero fue mi padre. De paladar digno de soldado de infantería. De pocos detalles. Olvidadizo con las fechas de cumpleaños y los aniversarios. Muchas veces machista y mandón. Ocasionalmente tierno, pero solo ocasionalmente. Y en muy pocas ocasiones, emotivo. Yo no entendí sino hasta bien entrada mi vida adulta el por qué de muchos de sus comportamientos. Y seguramente el haber tenido la responsabilidad de llevar una familia al hombro sin ser "personal calificado", rompió mucho de un entusiasmo juvenil que, según quienes lo conocieron, tenía en su vida de soltero. Muchas veces busqué ser afectuoso con él, pero era como abrazar a un cactus: era doloroso. Sin embargo, cada vez que lo veo, le doy un beso en la frente y le acaricio la cabeza. Y le doy un abrazo. Tal vez esa sea mi naturaleza.

La segunda fue una mujer. No ahondaré mucho en las cosas que no tiene de esa fantasiosa descripción, así que resaltaré las que sí tiene: es inteligente. Tiene un magnetismo que le granjea muchos insistentes pretendientes. Es elegante. Es trabajadora. Es carismática. Y en medio de todos esos aspectos destacados, terminé siendo protagonista de una historia tan enredada y retorcida que me borró algo que creí perdido para siempre: mis ganas de sonreir. Y eso, eso fue el resultado de amar a otro cactus.

Pero ¿por qué la comparación con el cactus?

Los cactus (familia Cactaceae) hacen parte de la agrupación de plantas suculentas. Estas plantas tienen como característica almacenar grandes cantidades de agua para sobrevivir a condiciones extremas. Sin embargo, millones de años de evolución desarrollaron en su exterior una característica morfológica llamada "Areola", de la cual emergen hojas en forma de espinas e incluso, flores. El cactus puede adaptarse muy bien a condiciones extremas, pero los excesos de cuidado pueden, literalmente, matarlos. 

Las personas que tienen ese comportamiento de "cactus" son reacias a recibir mucho afecto y pueden reaccionar de forma muy hiriente. Y lo peor que puede hacerse es aferrarse a ellos: es como el amor de los erizos, prácticamente.

Tomé esta reflexión de aquí: "La vida no se trata de cuanto has recibido, sino de cuanto has estado dispuesto a dar, pues cuando te vayas de este mundo, nada te llevarás, y lo único que te acompañará como una gran satisfacción es haber compartido con otros las bendiciones que Dios te dio."

Y justo cuando creo que estoy vacío, se da una situación en la que alguien, cualquier persona de las que me rodean, necesita algo de mí para no hundirse. Si la vida se trata de dar... espero que la recompensa llegue a mi vida cuando la necesite. Y claro, no seguir abrazando cactus.

viernes, septiembre 01, 2017

viernes, agosto 25, 2017

Nuevos comienzos

No soy particularmente optimista; cada vez que lo he sido la vida me estrella un portazo en la cara, así que me guardo mucho las muestras de optimismo, incluso la "sonrisa genuina" que una rubia andaluza identificó de las otras tres que, según ella, también muestro: la de protocolo, la de hipocresía, la de alegría.


"This one's optimistic
This one went to market
This one just came out of the swamp
This one dropped a payload
Fodder for the animals
Living on an animal farm

If you try the best you can
If you try the best you can
The best you can is good enough

If you try the best you can
If you try the best you can
The best you can is good enough

I'd really like to help you man
I'd really like to help you man.....
Nervous messed up marionette
Floating around on a prison ship"

Muchas veces he sentido estar más cerca del pantano que de la cima de la montaña; nada más traicionero que la bioquímica cerebral, la que te puede moler a patadas y llenar de nubes negras tu alrededor. Pero siempre hay una redención cuando todo parece estar peor. Y aparece una frase, un gesto, una acción que te devuelve la luz. Y usualmente, viene de donde menos lo esperarías.

Solo basta decir que, a la persona a la que le estiré la mano para ayudarme a salir del fango, me hundió. Y la persona que me recibió en la caída, fue la que me empujó con mucho cariño a salir del lodazal en que estaba. Siempre reconrdándome tanto lo bueno como lo malo, pero haciendo más énfasis en en lo primero que en lo segundo.

No puedo decir que sonrío a todas horas. Pero al menos tengo un motivo especial para hacerlo. Así sea un segundo al día.

viernes, agosto 11, 2017

Una charla con mi madre, sobre la cerveza.

Ya había hablado aquí previamene sobre la cerveza y su importancia en mi vida.

Pero hace 2 días, una charla espontánea con mi madre me dio el por qué.

Madre: Cuando yo era joven fui a muchas fiesta y bailé al son de las grandes orquestas de esa época: nunca tuve la necesidad de emborracharme para divertirme. No entiendo cuál es la gracia de tener que emborracharse para divertirse...

Yo: Cuando en todas las fiestas a las que uno ha ido, siempre se repite la misma respuesta de las asistentes a la pregunta "¿Bailamos?", la cual era "¡No!", la única que siempre decía "¡Sí!" era la cerveza. Ahí está la gracia: la diversión está cuando ambos quieren.

Madre: ...

Fin del tema.

Aún hoy día mis mejores amantes son la música y las bebidas alcohólicas. Nunca me dicen que no tienen tiempo, que no pueden, que están enfermas, que les da mamera ir tan lejos, que no pueden recibir visitas o inserte su excusa aquí.

Si el amor no existe y hay que hacerlo, lo mejor será hacer cerveza. Porque hacer música ya es algo imposible.

Una flor para mascar.

...y tristemente, esa es la realidad de este país. Y la propia, en gran parte.


"El reloj se ha dañado,
pero el hambre despierta
son las seis y en la puerta

oigo un hombre gritar:
"Vendo leche sin agua,
vendo miel, vendo pan"
y dinero no hay.

Por eso salgo siempre a caminar
en busca de una flor para mascar;
pensando que a la vuelta de la tarde
el trabajo con que sueño ya es verdad.

Y recorro el camino
reconozco al mendigo,
siento que vive en mí.
Como el sol sobre el trigo
el sencillo que una vez aprendí.

Y yo camino y no termino
y yo camino y no termino;
seré yo así o es que el camino
no tiene fin.

Tengo los pies cansados,
mi boca está reseca,
son las seis en la iglesia
oigo un cura mandar:
"Que tengamos paciencia,
que templanza, clemencia,
que Dios proveerá"

Por eso salgo siempre a caminar
en busca de una flor para mascar;
pensando que a la vuelta de la tarde
el trabajo con que sueño ya es verdad."

Porque solo quien no ha aguantado hambre, quien no ha heredado la ropa de primos y hermanos mayores, quien nunca ha sabido lo que es elegir entre el desayuno o el almuerzo, puede decir que la justicia social es una cuestión "mamerta", mientras su arrogancia hace ojos ciegos ante los niños y jóvenes que mueren a las puertas de un hospital, encerrados en sus casas, enfermos o con hambre y frío.


miércoles, agosto 09, 2017

Qué queda para mí?



"Taken by surprise by the size of my brain
Knowing all the time all the lies, all the games
Thinking up a storm, when it storms it's going to rain
Taking what's mine all the time, all the time

Take some for yourself
It's all good for something
And when there's no more to give
The window will shine in the light
On what's left for me"

So, what's left for me?

Just a handful of ashes.